La historia de Tonya M.

Tonya, de 49 años, comenzó a fumar cuando era adolescente porque sus amigos que fumaban la presionaron para que probara. Para cuando tenía 16 años, estaba fumando casi un paquete de cigarrillos al día. Fumó regularmente por más de dos décadas. La vida de Tonya cambió a los 38 años cuando le diagnosticaron insuficiencia cardiaca causada por el tabaquismo.

Durante los años siguientes, el corazón de Tonya se debilitó más. En el 2013, mientras esperaba un trasplante de corazón, a Tonya le insertaron en el pecho una bomba cardiaca mecánica llamada DAVI para ayudar a que fluya la sangre continuamente por su cuerpo. La bomba está conectada a baterías por medio de una sonda que se encuentra fuera de su cuerpo. Tonya lleva consigo las baterías en un paquete en la cintura. Por la noche, Tonya recarga las baterías y duerme con el cable del DAVI conectado a un enchufe.

Desde que le insertaron la bomba y se sometió a rehabilitación cardiaca, Tonya respira con más facilidad y tiene más energía. Tonya y su familia se han adaptado a la vida con su “nueva normalidad”, aunque ella sigue esperando por un nuevo corazón. Tonya dejó de fumar de manera definitiva en el 2008, pero el daño a su salud es irreversible. “Ojalá hubiese dejado de fumar antes”, dijo. “Desearía no haber fumado nunca un cigarrillo”, agregó.

La biografía de Tonya M.


A los 16 años, Tonya ya estaba fumando casi un paquete de cigarrillos al día. Al igual que muchos otros, comenzó porque tenía amigos que fumaban y la presionaron para que probara. Siguió fumando durante los próximos 23 años. Cuando surgieron por primera vez problemas en su corazón a los 37 años, Tonya fumaba cerca de dos paquetes de cigarrillos todos los días.

Tonya

Sus problemas de salud comenzaron en el verano del 2006. Tonya se despertó con dolor en el pecho y su esposo la llevó rápidamente a la sala de emergencias. Los médicos creyeron que los síntomas guardaban relación con una operación que ya se había programado para las próximas semanas y la enviaron a su casa. No fue sino hasta unos cuantos meses después cuando los médicos se dieron cuenta de que Tonya probablemente había tenido un ataque al corazón. Otros análisis revelaron que una de las arterias coronarias principales (vasos sanguíneos que abastecen de oxígeno al corazón) estaba bloqueada completamente y parte del músculo cardiaco estaba dañado y era imposible repararlo. No era posible restablecer el flujo sanguíneo al corazón. En cambio, los médicos comenzaron a administrarle medicamentos a Tonya y le insertaron un pequeño dispositivo, llamado desfibrilador, por medio de una operación, cerca del corazón para ayudar a regular los latidos. Cuando tenía tan solo 38 años, Tonya recibió el diagnóstico de insuficiencia cardiaca.

“Cuando se piensa en una enfermedad cardiaca, se piensa en presión arterial alta, colesterol alto y antecedentes familiares, pero yo no presentaba nada de eso”, dijo Tonya. “El mayor factor de riesgo que tenía era el tabaquismo”, agregó.

En el 2010, Tonya ingresó a la lista de candidatos a trasplantes de corazón cuando la capacidad de su corazón para bombear sangre disminuyó a un nivel gravemente bajo. Su cuerpo dejó de responder a los medicamentos durante los dos años que siguieron y su corazón se debilitó incluso más. “Mi respiración empeoró y mi nivel de energía era marcadamente inferior a lo que había sido”, indicó Tonya. “Me sentía terriblemente mal”, afirmó.

Mientras su salud se deterioraba, Tonya seguía esperando por un nuevo corazón. En el 2013, su médico decidió insertarle un dispositivo de asistencia ventricular izquierda (DAVI) en el tórax. El DAVI es una bomba mecánica que ayuda al corazón debilitado de Tonya a que fluya la sangre continuamente por su cuerpo. El DAVI está conectado a baterías y a un controlador por medio de una sonda que se encuentra fuera de su cuerpo. Tonya los lleva consigo en un paquete en la cintura.

Antes de que Tonya recibiera el alta hospitalaria con el DAVI, su esposo y dos hijos recibieron la misma información que ella había recibido sobre el DAVI. Aprendieron a mantener limpio el vendaje alrededor de la sonda, a cambiar las baterías y el significado de las diferentes alarmas. “Pasé de ser la persona que los cuidaba a ser cuidada por mi esposo y mis hijos”, explicó Tonya. “Nadie desea eso para sus hijos”, agregó.

Tonya y su familia se han adaptado a la vida con su “nueva normalidad”. Por la noche, Tonya recarga las baterías y duerme con el cable del DAVI conectado a un enchufe. Se asegura de llevar todo lo que necesita al segundo piso antes de acostarse, de manera de no tener que desenchufar el dispositivo y bajar las escaleras una vez más. Cuando su esposo la abraza en la cama, tiene cuidado de no desconectar el cable del DAVI de la pared.

Tonya notó una gran mejora en su salud cotidiana desde que recibió el DAVI. Se sentía más fuerte, tenía más energía y podía respirar con más facilidad. “Me sentía como nueva”, comentó. “Afortunadamente existe la tecnología que puede ayudar al corazón a seguir bombeando sangre”.

La rehabilitación cardiaca fue una parte importante de la recuperación de Tonya. En sus primeras sesiones, estaba demasiado débil para caminar en la cinta caminadora durante más de un par de minutos. Después de 36 semanas de sesiones, Tonya participó en una carrera de 5 kilómetros. Su médico, el coordinador del DAVI y su fisiólogo del ejercicio la acompañaron y llevaron todas las baterías y el equipamiento adicionales.

Los problemas médicos de Tonya no han acabado. Se sometió a otra operación para mantener el DAVI mientras sigue esperando por un nuevo corazón. Dejó de fumar de manera definitiva en el 2008 con la ayuda de medicamentos recetados, pero el daño a su salud es irreversible. “Ojalá hubiese dejado de fumar antes”, dijo. “Desearía no haber fumado nunca un cigarrillo”, agregó.

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Esta página fue revisada el: 23 de marzo de 2020