La historia de Becky

Becky era una estudiante de intercambio de escuela secundaria superior que estaba viviendo en Alemania cuando comenzó a fumar cigarrillos. Ella pensó que fumar la ayudaría a ser aceptada por los miembros de su familia anfitriona y también por sus nuevos amigos. Con el tiempo, se dio cuenta de que tenía dificultad para dejar de fumar.

A los 45 años, le diagnosticaron la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc), una enfermedad grave de los pulmones que gradualmente dificulta más y más la respiración. Continuó fumando cigarrillos después del diagnóstico. Luego, en el 2012, una tarde no podía respirar cuando iba saliendo del trabajo. Trató de no entrar en pánico, pero se dio cuenta de que necesitaba ayuda médica de inmediato. Becky se acuerda de haber despertado en la unidad de cuidados intensivos del hospital y de enfrentar la mayor batalla de su vida.

Hoy, necesita oxígeno continuamente para poder respirar, pero está agradecida de haber dejado de fumar. Ahora ayuda a educar a los demás acerca de los peligros de fumar y anima a las personas que fuman para que dejen de hacerlo. Becky dice: “Cada vez que me daban ganas de fumar, me decía ‘escojo no fumar hoy’”.

La biografía de Becky


Becky comenzó a fumar cigarrillos cuando era una estudiante de intercambio de escuela secundaria superior que estaba viviendo en Alemania. Algunos de los miembros de su familia anfitriona y de sus nuevos amigos fumaban, dijo, “así que comencé a fumar para sentirme aceptada”, agregó.

Becky

Después de graduarse de la universidad en Ohio, Becky estudió Derecho para cumplir su sueño de trabajar como defensora de oficio.

Durante los años siguientes, tuvo accesos de bronquitis y una tos molesta. Trató de dejar de fumar, pero se dio cuenta de que no podía dejar de hacerlo, pese a las advertencias de sus médicos de que fumar podría dañar su salud. “Simplemente no quería oír lo que me decían”, dijo.

A los 45 años, Becky recibió el diagnóstico de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc), una enfermedad grave de los pulmones que gradualmente dificulta más y más la respiración. Sin embargo, continuó fumando.

En el 2012, Becky a menudo se sentía sin aliento y sin energía. “No podía nadar y no podía seguir el ritmo de mis hijos. Era más lenta que una tortuga”, recuerda. Un día, al salir del trabajo, no podía respirar. Aterrorizada, llamó al 911. Cuando llegó la ambulancia, los paramédicos le dieron oxígeno inmediatamente para ayudarla a respirar. Lo siguiente que ella recuerda es despertarse en la unidad de cuidados intensivos del hospital.

Después de que la dieron de alta del hospital, Becky vio a un especialista en pulmones. Él le dio malas noticias: necesitaría un trasplante de pulmón. “No estaba esperando algo así. Eso me derrumbó por completo. No imaginé que eso me podría ocurrir”, dijo Becky.

Trató de dejar de fumar cigarrillos, pero siguió con una fumadita o dos de vez en cuando. Pronto se dio cuenta de que si quería vivir tenía que dejarlo del todo. “Finalmente dejé los cigarrillos del todo cuando se me hizo obvio que los malditos realmente me iban a matar. Ya me habían robado suficiente; no iba a dejar que me mataran de una vez por todas”, agregó.

Finalmente, Becky renunció a su trabajo para dedicar su tiempo y energía a la rehabilitación pulmonar. La rehabilitación pulmonar es un programa médico intensivo diseñado para ayudar a las personas con problemas para respirar y puede incluir lo siguiente:

  • Educación acerca de cómo controlar la afección pulmonar
  • Técnicas para conservar energía
  • Estrategias de respiración
  • Entrenamiento para hacer ejercicios
  • Asesoría nutricional
  • Consejería o grupos de apoyo

Gracias a la rehabilitación pulmonar, todavía no ha necesitado un trasplante de pulmón. A los 54 años, Becky sigue sin fumar. Aunque tiene que llevar consigo el tanque de oxígeno adondequiera que vaya, ella aprecia los beneficios que le proporciona cada día para mantenerla viva. “El oxígeno me da libertad. Me permite levantarme y hacer cosas, en lugar de estar en cama todo el día”, dijo.

Becky lamenta haber hecho pasar a su familia por una prueba tan difícil, especialmente a sus hijas. “No es la infancia que imaginé para ellas. Ciertamente no son los años de adolescencia que imaginé”, agregó.

Becky cree con vehemencia en la importancia de ver a un médico si se tiene algún síntoma de epoc. Debido a su propia experiencia, ella es abierta y franca con las demás personas acerca de los riesgos de salud asociados a fumar. Cuando la gente pregunta sobre su tanque de oxígeno, ella dice: “Les digo la verdad: ‘¿Sabes? Me ayuda a respirar. Y lo necesito porque fumaba’”.

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Esta página fue revisada el: 12 de marzo de 2019