Testimonio de sobreviviente de Kristina

Foto de Kristina N.H.
“Tuve la oportunidad de prevenir el cáncer. Por favor, no pierdan su oportunidad. Vacúnense y vacunen a sus hijos.”

—Kristina N.H., Sobreviviente de cáncer de cuello uterino
Edad al momento del diagnóstico: 34

Estoy casada y tengo dos hijos. Soy enfermera titulada y trabajo en un departamento de salud local en el área de vacunas y de enfermedades contagiosas y enfermedades que se pueden prevenir con vacunas. Soy atlética, activa y disfruto el tiempo que paso al aire libre.

Desde siempre, he tenido episodios de dolor con las relaciones sexuales, aunque no fuera algo que sucediera constantemente. No tenía ningún otro síntoma. Había sido fumadora por 12 años (excepto durante el embarazo y la lactancia), pero al momento de recibir el diagnóstico no había fumado por aproximadamente dos años.

No tengo ninguna afección subyacente y era, y sigo siendo, una mujer que goza de buena salud en general. Tuve algunos resultados anormales en las pruebas de Papanicoláu poco después de cumplir los 20, y recibí tratamiento de criocirugía, seguido de un procedimiento de escisión electroquirúrgica con asa (PEEA). [Nota del editor: la criocirugía (también llamada crioterapia) consiste en el uso de frío extremo para de destruir el tejido anormal. PEEA es la abreviación de procedimiento de escisión electroquirúrgica con asa, se trata de una técnica en la que se utiliza corriente eléctrica, que se pasa a través de un alambre delgado en forma de bucle, para extirpar tejido anormal.]

Después de eso, los resultados de las pruebas anuales de Papanicoláu dieron normal. Pero por casi dos años no pude hacerme las pruebas debido a que no tenía seguro médico. [Nota del editor: En las mujeres con antecedentes recientes de resultados anormales en las pruebas de Papanicoláu, se recomienda que el tiempo entre una prueba y la otra sea menor que en las mujeres con resultados normales.]

No obstante, cuando me hice la prueba en el 2014, también me hicieron la prueba del VPH por primera vez. Tener una infección por el VPH a los 20 años no es una preocupación demasiado grande, por eso los médicos no hacen pruebas de detección rutinariamente hasta que las mujeres cumplen los 30 años. [Nota del editor: el virus del papiloma humano (VPH) es la causa principal de cáncer de cuello uterino. Es un virus común que se transmite de persona a persona durante las relaciones sexuales. La mayor parte de la gente tendrá el VPH en algún momento de su vida, pero muy pocas mujeres tendrán cáncer de cuello uterino.]

Me llamó mi ginecóloga y me dijo que la prueba de Papanicoláu había dado normal, pero que habían detectado VPH 16. Debido a que estaba extremadamente bien informada por mi nueva posición en el área de vacunas y salud pública, me preocupé muchísimo. Me preguntaba por qué mi sistema inmunitario no había eliminado el VPH cuando tenía 20 años, tal como le sucede a la mayoría de las personas. Pensé que quizás era porque no dormía lo suficiente. Quizás era porque estaba estresada. Quizás se debía a que no comía bien. De alguna manera, esto no parece un estilo de vida exclusivo de los adultos jóvenes, pero todo afecta al sistema inmunitario.

Mi médico decidió hacer una colposcopía para tener la seguridad de que no había otras anormalidades. Durante este procedimiento, recuerdo que mi doctora dijo, “bueno, no veo nada anormal, pero de todas maneras voy a tomar una muestra ya que estoy aquí”. Nunca me olvidaré de la llamada que recibí de mi doctora con los resultados de patología y citología. Me dijo, “debo admitir que realmente me sorprendió ver esto en mi escritorio hoy, pero encontramos cáncer”.

En ese momento, sentí que mi vida se detenía abruptamente. Me sentí desolada.

Me remitieron a un oncólogo para iniciar el proceso de lo que finalmente terminaría en una histerectomía radical modificada debido a un cáncer en estadio 0. [Nota del editor: el estadio 0 del cáncer de cuello uterino también se llama carcinoma in situ, y significa que las células anormales se detectan en la parte más interna de la mucosa del cuello uterino, pero que aún no se han extendido. Estas células pueden convertirse en cáncer y extenderse a los tejidos normales circundantes si no son tratadas.]

Todo este proceso implicó períodos de agonía esperando los resultados de diferentes informes patológicos, durante el periodo de preparación antes y después de la histerectomía. La adaptación y las consecuencias que implicó para mi matrimonio fueron significativas. Tengo la suerte de tener un marido que me apoya muchísimo, pero esto también fue muy difícil para él. Por ser alguien que no está en el ámbito médico ni tiene ningún conocimiento específico sobre el VPH y su prevalencia, esto lo preocupó mucho. Hasta que no investigó sobre el virus por sí mismo, mi marido no entendió qué tan prevalente era el VPH, ni que se podía albergar por años sin que se tuvieran síntomas. Ahora me siento cómoda contando mi historia y nunca me voy avergonzar en lo que se refiere el VPH por lo común que es.

Como enfermera titulada en el ámbito de salud pública y las vacunas, ahora tengo una fuente muy personal de experiencia en lo que se refiere a las enfermedades que se pueden prevenir con vacunas. Soy una sobreviviente de un cáncer que se puede prevenir con vacunas. Yo comparto mi historia diariamente con mujeres jóvenes y con padres, que quizás no se dan cuenta de cómo el VPH tiene que ver con ellos o con sus hijos. Recuerdo que yo tenía 25 años y estaba manejando mi auto cuando la vacuna contra el VPH comenzó a estar disponible y escuché algo en la radio al respecto. Recuerdo perfectamente haber pensado: “No me acuesto con cualquiera. Soy una mujer saludable. No necesito esa nueva vacuna. Además, ¿cuándo tendría el tiempo de ponérmela?”

El mensaje que quiero transmitir es el siguiente: tuve la oportunidad de prevenir el cáncer. Por favor, no pierdan su oportunidad. Vacúnense y vacunen a sus hijos.

Esta página fue revisada el: 7 de agosto de 2019