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¿Está en alto riesgo de enfermarse gravemente por la influenza?

Abuelo y nieto en un taller.

La vacunación anual contra la influenza es la defensa más importante contra esta enfermedad y sus complicaciones potencialmente graves.

¿Está en alto riesgo de enfermarse gravemente por la influenza?

Todos los años, millones de personas en los Estados Unidos se enferman por la influenza. Las estimaciones iniciales de los CDC indican que más de 900 000 personas fueron hospitalizadas y más de 80 000 murieron a causa de la influenza la temporada pasada. Algunas personas están en mayor riesgo de tener complicaciones graves por la influenza, incluidos los niños pequeños, las personas mayores, las mujeres embarazadas y las personas con ciertas enfermedades crónicas. La vacuna contra la influenza y el uso adecuado de los medicamentos antivirales contra la influenza son particularmente importantes para proteger a las personas en alto riesgo de tener complicaciones graves.

La influenza, también llamada gripe, es una infección viral contagiosa que afecta el aparato respiratorio, o sea, la nariz, la garganta y los pulmones. Los síntomas de la influenza pueden variar desde leves hasta graves e incluir fiebre, tos, dolor de garganta, moqueo o congestión nasal, dolores corporales, dolor de cabeza, escalofríos y fatiga. Algunas personas también pueden tener vómitos y diarrea, pero esto es más común en los niños que en los adultos.

Niño usando un inhalador para el asma. El asma es la enfermedad crónica más común entre los niños hospitalizados con influenza.

Todas las personas pueden contraer la influenza, pero algunas tienen más probabilidades de enfermarse gravemente, lo cual puede causar su hospitalización o incluso la muerte. Esas personas incluyen:

  • Los niños menores de 5 años, pero en especial los que tienen menos de 2 años.
  • Los adultos de 65 años o mayores.
  • Las mujeres embarazadas* (y las mujeres que acaban de dar a luz, por hasta dos semanas).
  • Los residentes de hogares de ancianos y de otros establecimientos de cuidado a largo plazo.
  • Los indoamericanos y nativos de Alaska.*
  • Las personas que tienen ciertas enfermedades crónicas, incluidas las siguientes:
    • Asma.*
    • Afecciones neurológicas o del desarrollo neurológico (incluidos los trastornos del cerebro, la médula espinal, los nervios periféricos y los músculos, como parálisis cerebral, epilepsia [trastornos convulsivos], accidente cerebrovascular, discapacidad intelectual [retraso mental], retrasos del desarrollo de moderados a graves, distrofia muscular o lesiones de la médula espinal).
    • Enfermedades pulmonares crónicas (como enfermedad pulmonar obstructiva crónica [epoc] y fibrosis quística).
    • Enfermedades cardiacas (como cardiopatía congénita, insuficiencia cardiaca congestiva y arteriopatía coronaria).
    • Trastornos de la sangre (como enfermedad de células falciformes).
    • Trastornos endocrinos (como diabetes mellitus).
    • Trastornos de los riñones.
    • Trastornos del hígado.
    • Trastornos metabólicos (como los trastornos metabólicos hereditarios y los trastornos mitocondriales).
    • Sistema inmunitario debilitado debido a una enfermedad o medicamentos (como en las personas que tienen el VIH o el sida* o cáncer, o que reciben tratamiento prolongado con esteroides).
    • Las personas menores de 19 años que toman aspirina o medicamentos que contienen salicilatos.
    • Las personas con obesidad extrema (índice de masa corporal [IMC] de 40 o más).

La vacunación anual contra la influenza* es la defensa más importante contra esta enfermedad y sus complicaciones potencialmente graves. La vacunación da muchos beneficios, que incluyen la reducción del riesgo de enfermarse de influenza, así como la reducción de las visitas al médico, las hospitalizaciones e incluso la muerte en los niños. Cientos de millones de personas en los Estados Unidos han recibido vacunas contra la influenza en forma segura durante los últimos 50 años e investigaciones exhaustivas respaldan la seguridad de estas vacunas. Todas las personas de 6 meses de edad en adelante, incluidas las mujeres embarazadas y las personas con ciertas afecciones, deben ponerse una vacuna contra la influenza cada temporada, con raras excepciones.*

También es importante tomar medidas preventivas comunes para detener la propagación de la influenza. Estas incluyen evitar el contacto cercano con las personas enfermas, cubrirse la nariz y la boca con un pañuelo desechable al toser o estornudar, y lavarse las manos con agua y jabón o limpiárselas con un desinfectante de manos a base de alcohol.

Médico hablando con una paciente mayor. Si se enferma por la influenza, los medicamentos antivirales son una opción de tratamiento y se recomiendan para las personas que están en alto riesgo de tener complicaciones graves.

¡Es hora de vacunarse!

El mejor momento de vacunarse contra la influenza es antes de que la actividad de los virus comience a aumentar. Los CDC recomiendan ponerse la vacuna antes de que termine el mes de octubre. Cuando usted se vacuna, su cuerpo comienza a producir anticuerpos que ayudan a proteger contra 3 o 4 virus específicos de la influenza. Estos virus son los que, según las investigaciones, se cree que serán los más comunes durante la temporada que se avecina. Toma unas dos semanas para que el sistema inmunitario responda completamente a la vacuna y los anticuerpos brinden protección.

Necesitará ponerse una vacuna todos los años porque la respuesta inmunitaria que produce en el cuerpo se debilita con el tiempo. Además, las vacunas contra la influenza se elaboran todos los años para mantenerse al día con los virus cambiantes de la influenza. Para la temporada de influenza 2018-2019 hay muchas opciones de vacunas,* que incluyen vacunas de dosis altas y vacunas con adyuvante* para las personas de 65 años o mayores.

Hay muchos datos que respaldan los beneficios de la vacuna contra la influenza. La vacuna previene que millones de personas se enfermen por la influenza cada temporada, y se ha mostrado que también reduce el riesgo de que la enfermedad tenga consecuencias más graves. Por ejemplo, un estudio del 2014* mostró que, durante las temporadas de influenza del 2010 al 2012, la vacuna redujo en un 74 % el riesgo de los niños de ingresar a la unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) en relación con la influenza. Además, un estudio del 2017* publicado en la revista “Pediatrics” muestra que la vacuna contra la influenza reduce significativamente el riesgo de los niños de morir por esta enfermedad. Un estudio del 2018* mostró que desde el 2012 hasta el 2015 la vacunación entre los adultos redujo en un 82 % el riesgo de que ingresaran a la unidad de cuidados intensivos (UCI) con influenza. La vacunación contra la influenza también se ha asociado a tasas más bajas* de accidentes cerebrovasculares y de algunos eventos cardiacos. Algunas de las personas que se vacunan aún se enferman, pero se ha mostrado en varios estudios que la vacuna reduce la gravedad de la enfermedad en estas personas.

Otra razón para vacunarse es ayudar a proteger a otras personas de su comunidad, incluidas aquellas que están en alto riesgo de tener complicaciones graves por la influenza. ¡Vacúnese y anime a su familia y a sus amigos a que hagan lo mismo!

* Los enlaces a sitios web pueden llevar a páginas en inglés o español.

  • Esta página fue revisada el: 27 de noviembre de 2018
  • Esta página fue modificada el: 27 de noviembre de 2018
  • Fuente del contenido:
  • Centro a cargo del mantenimiento de esta página: Oficina del Director Adjunto de Comunicaciones, Subdivisión de Medios Digitales, División de Asuntos Públicos
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