Vistazo general
Danielle Kahn supo que algo estaba mal después de un viaje a Utah. Después de que le diagnosticaron asma incorrectamente, buscó una segunda opinión y descubrió que tenía una embolia pulmonar, o coágulo de sangre. Lea sobre su historia para saber más sobre su experiencia con los trombos o coágulos de sangre.

La historia de Danielle
Soy Danielle Kahn. Cuando tenía 36 años, hice un viaje de negocios de unos días y tomé un vuelo hacia el oeste, a Utah: un vuelo de 4 horas desde Atlanta. Mientras estuve allí, salí a correr unas millas por Salt Lake City y me sentí un poco incómoda debido a la altitud, que era de 4300 pies.
En mi vuelo de regreso a Atlanta no me moví ni bebí mucho. Cuando regresé al trabajo unos días después, tenía una tos extraña que era fuerte y seca. A pesar de estar en forma por correr, tenía dificultad para respirar y me mareaba al subir las escaleras. Seguí así durante algunos días, pensando que tenía un resfriado fuerte y que mejoraría en unos días.
Luego, en medio de la noche, me desperté repentinamente con el corazón que me explotaba como si hubiera estado corriendo a toda velocidad. Sentí como si alguien me hubiera disparado en los pulmones, o como si los hubieran rellenado de algodón. No sabía qué me estaba pasando, pero sabía que tenía que llegar al hospital. Fui manejando, con dificultad para respirar, superando el límite de velocidad descuidadamente.
Mi experiencia con el médico de la sala de emergencias esa noche no fue positiva. Me dio el diagnóstico incorrecto de asma y me trató con albuterol. Nunca me hicieron una prueba de sangre ni una tomografía computarizada. Les rogué al médico y al personal de enfermería que no me dieran el alta porque, incluso después de varias horas, seguía con dificultad para respirar. Estaba extremadamente ansiosa y me dijeron que tomara un Xanax® y me fuera a casa. Había personas que necesitaban más el espacio que estaba ocupando.
Los días siguientes, pude recibir la ayuda de mi familia. Logramos hacer una cita con un neumólogo y, a través de un proceso que tomó casi otra semana, me dio el diagnóstico correcto de embolia pulmonar. No tenía factores de riesgo conocidos, excepto un vuelo de cuatro horas y deshidratación. En cuanto al tratamiento, no toleré muy bien los anticoagulantes y tuve que recibir inyecciones anticoagulantes durante unos meses.
No regresé al trabajo hasta 6 semanas después. La recuperación de algo así es bastante larga. Sicológicamente, tendía a sentirme ansiosa y deprimida como resultado de mi experiencia. Pero estaba decidida a recuperarme y a seguir adelante con mi vida. Con el tiempo, me sentí mejor y comencé a hacer más ejercicio. Pude empezar a hacer natación y trotar, y descubrí que estas actividades ayudaban a aumentar mi capacidad pulmonar.
Lecciones aprendidas
Esta experiencia me cambió de una manera muy profunda. Nunca más puedo dar por sentada mi vida. Pude revaluar mis prioridades y enfocarme en cosas nuevas en la vida. La idea de vivir el presente se volvió muy real para mí. En general, pude crecer como ser humano y sentirme más centrada a partir de esta experiencia.
Además, trabajo como epidemióloga en los CDC y he adquirido un interés apasionado en las implicaciones de salud pública de mi experiencia con la embolia pulmonar. Espero poder decir algún día que he tenido un efecto positivo en los resultados de salud de las personas que están en riesgo de presentar esta condición médica.
Los CDC agradecen a Danielle por compartir esta historia personal.