Testimonios de sobrevivientes de cánceres ginecológicos
Debra Debbie E.
Sobreviviente de cáncer de ovario
Edad: 59 (57 al recibir el diagnóstico)
Las mujeres de mi familia tienen antecedentes de muy buena salud y de vivir muchos años. Nunca pensé que sería yo la que podría tener problemas de salud graves. Tengo una hermosa familia: dos hijos, tres hijastras, cuatro nietos y un marido muy comprensivo. Siempre he llevado una vida activa, disfruto de las actividades deportivas y al aire libre y podría decir que soy adicta al trabajo.
Antes de que me diagnosticaran cáncer de ovario, rara vez me enfermaba. Pero, hace unos cuantos años, noté algunos síntomas raros: sentía el vientre inflamado y subí de peso sin razón aparente. También noté otras cosas anormales, como estreñimiento y náuseas al comer. Mis médicos me dijeron que tenía hipotiroidismo, me prescribieron medicamentos y los síntomas desaparecieron temporalmente. Todavía no sé con seguridad si los síntomas de hipotiroidismo estarían relacionados con lo que vino después.
Alrededor de un año después, los síntomas volvieron. Pero apareció algo nuevo: vi una sola mancha de sangre en mi pantiprotector. Como tenía 57 años de edad y estaba en la menopausia, pedí una cita con mi ginecólogo, algo que venía haciendo religiosamente siempre. La mancha de sangre fue un recordatorio de que era hora de hacerme un chequeo.
Debido a esta mancha de sangre, mi ginecólogo recomendó una ecografía y una biopsia. Creo que la ecografía puede haberme salvado la vida porque como los resultados no fueron concluyentes, mi ginecólogo me remitió a un ginecólogo oncólogo, un médico especializado en diagnosticar y tratar cánceres en los órganos reproductores de la mujer. El ginecólogo oncólogo me hizo una cirugía laparoscópica para determinar si el tumor que habían descubierto era canceroso. Pues bien, resultó que tenía cáncer y en lugar de la planeada laparoscopia, me hicieron una histerectomía completa.
Me sentí asombrada y desconsolada al enterarme de que tenía cáncer y que necesitaría más tratamiento. Pero unas tres semanas después, comencé con una tanda de quimioterapia de seis sesiones, una cada tres semanas. No podía dejar de pensar: "¿Qué fue de la vida que disfrutaba hace solo tres semanas?"
Después de unos altibajos emocionales que duraron alrededor de un año tras mi cirugía, ahora siento que vuelvo a ser la misma. He terminado por aceptar que hay cosas en la vida que puedo controlar y otras no. Por todo lo que pasé, quiero recomendar a las mujeres a que escuchen a su cuerpo. No supongan que todo es parte de "etapa de la vida" –como la menopausia–, y si tienen síntomas preocupantes, no los ignoren.
Eileen A.
Sobreviviente de cáncer útero y de cuello uterino
Edad: 67 (64 al recibir el diagnóstico)
Tengo tres hijos, seis nietos y siete bisnietos. ¡Me mantienen ocupadísima! También tomo clases de gimnasia en un hospital local, como clases de "pasos saludables", malabares con bastón y danza del vientre.
En agosto del 2007, comencé a tener un sangrado abundante y acudí a un centro de salud cercano. Los médicos encontraron algo sospechoso en mi útero. Me remitieron a un ginecólogo para que me hiciera una biopsia, la cual reveló que tenía cáncer. Luego me remitieron a un ginecólogo oncólogo y al hacerme una biopsia adicional en el cuello uterino, descubrió también células cancerosas. A la fecha, los médicos no saben con seguridad si el cáncer de útero apareció antes del cáncer de cuello uterino o viceversa.
Me hicieron radioterapia y quimioterapia. Tuve la suerte de no sufrir efectos secundarios por el tratamiento. Después de la radiación y la quimio, me hicieron una histerectomía completa y me sacaron los ovarios. Ahora no tengo cáncer.
Hoy en día, me siento muy bien. Espero que las demás mujeres no se nieguen que es posible tener un riesgo de cáncer. Mi familia tiene un historial de cáncer de útero y de cuello uterino, pero yo solo me hice chequeos cuando aparecieron los síntomas. Así que si en su familia hay antecedentes, dígaselo a su médico y pregúntele si necesita hacerse pruebas especiales para detectar problemas a tiempo. Las mujeres con recursos limitados pueden acudir a programas como los Servicios Oncológicos del Estado de Nueva York.
Hoy en día, el cáncer ya no es una sentencia de muerte. No piensen que no tienen cáncer solo porque creen que no pueden pagar por la consulta para el diagnóstico y el tratamiento que necesiten.
Geraldine P.
Sobreviviente de cáncer de cuello uterino
Edad: 63 (62 al recibir el diagnóstico)
He sido peluquera durante más de 35 años. Me encanta leer y escuchar música. Mi hija está en el mundo de la música. Yo he trabajado en la ciudad de Nueva York para espectáculos de Broadway y para Saturday Night Live y estaba como estilista independiente cuando me enteré que tenía cáncer de cuello uterino. Nunca pensé que tendría cáncer, pero en el 2009, recibí el diagnóstico a través del programa de Servicios Oncológicos del Estado de Nueva York. En ese entonces no tenía seguro médico debido a lo mucho que cuesta para las personas que trabajan por su cuenta.
Fui a una clínica de urgencias porque sentía dolores y quería saber qué los estaba causando. No me habían hecho pruebas de Papapanicoláu en los últimos años, así que el médico me hizo una. La prueba mostró resultados sospechosos. Sí llenaba los requisitos para otras pruebas diagnósticas y tratamiento a través del programa de Servicios Oncológicos del Estado de Nueva York. La clínica me remitió inmediatamente a un ginecólogo en un hospital cercano; las pruebas que me hicieron mostraron que tenía cáncer de cuello uterino.
Entré en asombro pero no en pánico. No lloré. Recuerdo que tuve una sensación que solo puedo describir como estar afuera de mi cuerpo y que nunca olvidaré. A las pocas semanas del diagnóstico comencé con el tratamiento con radio y quimioterapia. Las pruebas de seguimiento indican que ya no tengo cáncer y mi futuro ¡es prometedor! Incluso he vuelto a trabajar medio tiempo y me encanta estar activa.
A ustedes, las mujeres, les quiero recalcar lo importante que es estar pendientes de lo que ocurre con su salud que no parezca normal. Y háganse habitualmente las pruebas de Papanicoláu. En verdad esto puede salvar su vida.
Tamika F.
Sobreviviente de cáncer de cuello uterino
Edad: 35 (25 al recibir el diagnóstico)
Cuando tenía 25 años, vivía en Washington, DC, donde trabajaba como productora de televisión, y amaba la vida que llevaba. Me sentía súper bien y saludable, por lo que dejé pasar unos cuántos años mis pruebas de Papanicoláu. Pensé que podrían esperar.
Cuando finalmente me hice un chequeo, recibí el susto de mi vida. Tenía cáncer de cuello uterino. Quedé devastada y me pregunté cómo era posible: era demasiado joven y fuerte para que me pasara eso.
Mi médico me recomendó una histerectomía radical, lo cual significaría que no podría tener hijos, algo que siempre había anhelado. Busqué otras opiniones médicas para entender mis opciones. Pero al final, me hicieron una histerectomía. También recibí quimio y radioterapia.
Estaba deprimida, pero con el apoyo de mi familia y amigos, terminé el tratamiento.
¡Ya no tengo cáncer y disfruto de la vida! Aprendí lo importante que es hacerse pruebas habituales de Papanicoláu. Si no me hubiera hecho esa prueba, con la que me diagnosticaron el cáncer, a lo mejor no estaría aquí hoy. Soy la prueba viviente de que las pruebas de detección pueden encontrar cáncer de cuello uterino en sus etapas iniciales, cuando el tratamiento es más eficaz.
El Papanicoláu realmente sirve para prevenir cáncer de cuello uterino. Puede detectar cambios precancerosos en el cuello uterino que pueden ser tratados antes de que se conviertan en cáncer. Soy una gran creyente de lo importante que es decirles a las mujeres sobre los beneficios del Papanicoláu. Es más, en el 2005, fundé Tamika y sus amigas, una organización comunitaria sin fines de lucro que busca aumentar la concientización sobre el cáncer de cuello uterino y el virus del papiloma humano (VPH).
Espero que otras mujeres aprendan de mi experiencia y se hagan las pruebas de Papanicoláu en la forma recomendada.
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