Los detectives de enfermedades de los CDC responden al brote de la enfermedad del Ébola 2014

Kelsey frente al Centro de Tratamiento de la Enfermedad del Ébola en Guekedou, Guinea
Kelsey frente al Centro de Tratamiento de la Enfermedad del Ébola en Guekedou, Guinea
Centro de Tratamiento de la Enfermedad del Ébola de Médicos sin Fronteras en Guekedou, Guinea
Centro de Tratamiento de la Enfermedad del Ébola de Médicos sin Fronteras en Guekedou, Guinea
Vista desde Guinea hacia Sierra Leona a través de la porosa frontera
Vista desde Guinea hacia Sierra Leona a través de la porosa frontera

Detective de enfermedades: Kelsey

Apretujada con otros seis pasajeros en un pequeño avión que volaba en círculos sobre una pista de aterrizaje de tierra en una zona remota de Guinea, Kelsey miró por la ventana para ver cómo una camioneta perseguía frenéticamente a unas cabras para sacarlas de la pista. Aquel aterrizaje podría parecer enervante, pero Kelsey dice que fue la parte más fácil de su misión en Guekedou, Guinea, el epicentro del brote de la enfermedad del Ébola que estalló en África Occidental.

Kelsey, una detective de enfermedades de los CDC, aún tenía por delante un viaje de tres horas en automóvil a lo largo de algunos de los peores caminos en África. Al llegar se enteró de que algunos residentes asustados habían amenazado con atacar a los extranjeros que, según ellos, eran el origen de la horrible fiebre hemorrágica que estaba diezmando a su comunidad. Todos los demás trabajadores de ayuda internacional estaban amontonados en el pequeño hotel donde ella se alojaría.

“Fue surrealista toparse con eso”, dice Kelsey. “Aunque al final no pasó nada, fue un periodo de locura”, agrega.

Rápidamente vio con sus propios ojos una de las razones por las cuales el virus del Ébola había logrado propagarse tan fácilmente por tres naciones de África Occidental. Las familias a menudo viven en ambos lados del angosto y poco profundo río que separa a Guinea de Sierra Leona y Liberia. La gente puede fácilmente gritar de un lado al otro del fangoso río y los barqueros transportan rápidamente a los viajeros de un país a otro. Si la gente puede cruzar libremente, también puede hacerlo el virus del Ébola.

Armada con su nivel intermedio de francés y la capacitación de los CDC, Kelsey visitó las aldeas de la zona para contactarse con sus pocos habitantes. Aunque el idioma oficial del país es el francés, a veces había solo una persona en la aldea que lo hablaba, así que Kelsey trabajaba con ella en la traducción de importantes mensajes de salud al idioma local. De esta manera, trabajó para ganarse la confianza de los líderes de la aldea y capacitar a los trabajadores de salud comunitaria para que corrieran la voz sobre cómo evitar contraer la enfermedad del Ébola y frenar su propagación.

Estos trabajadores de salud comunitaria son el factor clave más importante para frenar la enfermedad del Ébola. Ellos —que en su mayoría no tienen estudios— ya son parte del frágil sistema de salud pública de la zona, donde trabajan principalmente para promover la vacunación y alentar a las mujeres a que reciban atención pre y posnatal, y a menudo lo hacen con recursos sanitarios muy limitados. El equipo de Kelsey los capacitó para que les hicieran seguimiento a las personas que habían estado expuestas a pacientes con la enfermedad del Ébola, para que las controlaran todos los días durante las tres semanas que puede tomar la aparición de los síntomas. Cualquier persona con síntomas de la enfermedad del Ébola se convierte en un posible paciente y todos sus contactos deben ser vigilados durante otras tres semanas. Todos los días, a excepción del domingo, los trabajadores reportan sus hallazgos a un supervisor.

“Un día, los trabajadores comunitarios reportaron que una persona con síntomas de la enfermedad del Ébola se había negado a ser aislada en el centro de tratamiento”, cuenta Kelsey. “Era un lunes, por lo que el informe ya tenía dos días. Preocupada, me reuní con el jefe de la aldea, quien presionó a la persona para que fuera al centro”, afirma Kelsey.

Gracias a esa reunión, se salvaron muchas vidas. El jefe de la aldea, agradecido, le hizo a Kelsey un regalo simbólico de vainas de cacao y una planta de café. Para ella, el regalo simbolizó no lo que ella dio, sino lo que recibió.

“Vas allá con muchas ideas acerca de lo que quieres que la gente entienda, pero la gente que encuentras tiene experiencias y creencias muy distintas a las tuyas”, comenta. “Aprendí mucho acerca de cómo llegar a la gente y comunicarme más eficazmente, sin importar si la gente con la que estoy trabajando es de Guinea, de Sierra Leona o de Liberia. Lo que ellos nos pueden enseñar no tiene precio”.