Salte directo a la búsqueda Salte directo al listado de A-Z Salte directo a la navegación alte directo al contenido Salte directo a las opciones de la página
Página principal

Prácticas Óptimas para la Prevención de la Violencia Juvenil

Estrategia de padrinazgo

Visión general de la estrategia de padrinazgo

La investigación ha demostrado que la presencia de un modelo adulto de conducta positiva que supervise y guíe el comportamiento del niño es un factor esencial para protegerlo de la violencia (National Resource Center 1999). La ausencia de este modelo—bien sea uno de los padres u otra persona—ha sido relacionada con el riesgo que corre el niño de usar de modo indebido drogas y alcohol, de incurrir en promiscuidad sexual, el comportamiento agresivo o violento y la incapacidad de conservar un empleo estable en su vida adulta (Beier et al. 2000; Walker y Freedman 1996).

Consistente en poner a una persona joven a hacer equipo con un voluntario que actúa como un modelo que lo apoya sin juzgarlo, la tutoría ha sido considerada por muchos como un excelente medio para proporcionar influencia adulta positiva al niño o adolescente que carece de la misma (Council 1996; Brewer et al. 1995). La evidencia ha mostrado que la tutoría puede aumentar significativamente la asistencia a clases y el rendimiento académico, reducir las conductas violentas, reducir la probabilidad de uso de drogas y mejorar las relaciones con padres y amigos (Sipe 1996). Además, el Consejo sobre el Delito en Estados Unidos (1997) identificó la tutoría como una de tres estrategias que se vinculan entre sí para la prevención del delito (las otras dos, vigilancia y pastoral1 , también proporcionan contacto con adultos).

Prácticas óptima de intervenciones de tutoría

Muchos estados y ciudades, organizaciones comunitarias, fraternidades y clubes estudiantiles femeninos, asociaciones profesionales y escuelas se han embarcado en iniciativas de tutoría durante los últimos diez o veinte años. La información anecdótica de estos esfuerzos indica que la tutoría puede ser efectiva en la reducción de comportamientos negativos y factores de riesgo asociados. Sin embargo, la evaluación estructurada de la tutoría apenas se ha iniciado recientemente. Además, aunque la prevención de la violencia es uno de los muchos resultados positivos de las relaciones que se desarrollan a partir de la tutoría, pocas intervenciones se han centrado específicamente en ese resultado.

Algunos investigadores señalan que todavía se está analizando información confiable acerca de cómo y por qué funciona la estrategia de la tutoría, pero ya ha se ha asomado un cierto sentido común sobre las prácticas óptimas tanto para los tutores como para los programas (Freedman 1993). Las prácticas que se exponen en esta sección han sido recogidas a partir de una extensa revisión bibliográfica y consulta con expertos en el campo de la prevención de la violencia juvenil.

Identifique la población que desea atender

La mayoría de las iniciativas de tutoría apuntan a jóvenes en riesgo por causa de problemas académicos y sociales. En un estudio de 722 programas de tutoría (Sipe y Roder 1999), la mayoría de las intervenciones estaban dirigidas a niños con necesidad de modelos adultos; esta condición con frecuencia se definió como niños provenientes de familias de un solo padre. Otro grupo muy común de participantes fue el de niños de familias de bajos ingresos; niños que habían sido identificados como carentes de autoestima o destrezas sociales; niños que habían sido víctimas de abuso o abandono, y niños cuyos familiares abusaban de las drogas o el alcohol. Para determinar a quién dirigir sus esfuerzos en su comunidad, haga una evaluación de las necesidades, pondere sus recursos y consulte con los líderes, autoridades, profesores y organizaciones comunitarias que atienden a los niños en la localidad.

Tenga en cuenta que la tutoría puede no ser viable con niños y adolescentes en situaciones de alto riesgo, debido a que estos grupos por lo general requieren de esfuerzos que deben comenzar a muy temprana edad y extenderse por muchos años (Freedman 1993). Sopese los costos y beneficios de involucrar en programas de tutoría a niños y adolescentes con severos problemas emocionales o de conducta—como aquellos que han intentado suicidarse, usan drogas o están en posición de hacerse daño a sí mismos o hacérselo a otras personas—y determine si sería más adecuado utilizar otro tipo de intervención. Igualmente, debido a que el éxito de la tutoría depende de una relación a largo plazo, evite trabajar con jóvenes que hayan demostrado falta de compromiso.

Considere el contexto cultural y demográfico de los futuros participantes

En la mayoría de los casos, los antecedentes de los tutores serán sustancialmente diferentes de los de los participantes en términos de edad, estilo de vida, raza y clase social. Las iniciativas de tutoría deben tomar en cuenta estas diferencias y desarrollar actividades y técnicas para salvar las brechas. Estas intervenciones deben reconocer igualmente el poder de otras influencias existentes en las vidas de los niños menos favorecidos, como la pobreza, la exposición a la violencia y la falta de supervisión de los padres. Para muchos jóvenes en riesgo, la tutoría no es más que un "grano de arena".

Seleccione un entorno apropiado

Las intervenciones de tutoría pueden ser in situ o desarrollarse en la comunidad. El ambiente dependerá de las metas de la intervención, el número de tutores, el número de niños a los que se quiere atender y los tipos de actividades planeadas.

Tutorías en la comunidad
Las intervenciones que se llevan a cabo dentro de la comunidad no tienen un lugar definido para celebrar sus sesiones. El lugar puede variar de acuerdo con la combinación tutor-tutoriado y las sesiones. En el estudio de Sipe y Roder (1999), poco más de la mitad de los programas estaba diseñado para la comunidad. En la mayoría de estas intervenciones se programaron sesiones individuales entre tutores y tutoriados, muchas de las cuales se concentraron en actividades sociales y recreativas. Al no localizarse en un lugar específico, las iniciativas de tutoría en la comunidad con frecuencia incluyen excursiones entre sus actividades. Hermanos Mayores/Hermanas Mayores (BB/BS), fundada en 1904, es la intervención de tutoría en la comunidad más antigua y mejor conocida en Estados Unidos; también ha sido la más estudiada. Su misión es proporcionar a los jóvenes relaciones individuales que los ayuden a desarrollarse según su potencial y a convertirse en adultos seguros, competentes y solícitos. Existen más de 500 oficinas de BB/ BS en los 50 estados, donde se atiende a más de 100.000 niños. Los equipos de mentores y tutoriados se reúnen durante tres a cinco horas cada semana por al menos un año. No se prescriben las actividades, sino que éstas pueden incluir dar un paseo, ver televisión, jugar, ir alcine o a un evento deportivo, visitar la biblioteca o simplemente intercambiar ideas (Elliot 1997).

Public/Private Ventures (P/PV), empresa sin fines de lucro de Filadelfia, dedicada al desarrollo y evaluación de políticas sociales, llevó a cabo un estudio comparativo de 959 adolescentes entre los 10 y los 16 años que solicitaron los servicios de intervención de BB/BS en 1992 y 19932. La mitad de estos adolescentes fueron asignados al azar a un grupo de tratamiento, para el cual se hicieron o se intentó hacer los equipos regulares de BB/BS; la otra mitad fue asignada a listas de espera. En el grupo al que se asignaron los tutores, éstos se reunieron con sus tutoriados unas tres veces al mes por un promedio de 12 meses; cada sesión duró unas cuatro horas. Los grupos de tratamiento y de control fueron comparados después de 18 meses para determinar qué efecto había tenido la tutoría individual sobre los adolescentes y sus actividades antisociales, rendimiento académico, actitudes y comportamiento, relaciones con sus familias y amigos, concepto de sí mismos y enriquecimiento social y cultural.

Los hallazgos del estudio, que se basaron en la información suministrada por los propios sujetos antes de comenzar la experiencia y entrevistas de seguimiento o en formularios de evaluación llenados por el personal de la institución, revelaron que el programa de BB/BS puede tener un efecto positivo. Los Hermanos Menores y Hermanas Menores, especialmente adolescentes pertenecientes a alguna minoría, mostraron menor propensión que los jóvenes del grupo de control a golpear a otras personas o a comenzar a usar drogas o alcohol. También asistieron más a la escuela, tuvieron un mejor rendimiento escolar y una mejor actitud, y sus relaciones con sus padres y otros individuos de su edad se hicieron mejores que las de los del grupo de control. No se observaron mejoras estadísticamente significativas en el concepto que tenían de sí mismos o en el número de actividades sociales y culturales en las que participaron (Furano et al. 1993; Roaf, Tierney y Hunte 1994; Morrow y Styles 1995; Tierney, Grossman y Resch 1996).

Tutorías in situ

Las intervenciones in situ tienen un lugar determinado donde se desarrollan todas las sesiones. La mayor parte de las iniciativas in situ se llevan a cabo en las escuelas, pero también pueden ejecutarse en lugares de trabajo, iglesias, centros comunitarios, reformatorios y viviendas de interés social. Las intervenciones de tutoría en grupos con actividades específicas—tales como proyectos académicos y prácticas de destrezas u oficios—son más comúnmente in situ (Sipe y Roder 1999).

Tutorías en la escuela
En las intervenciones de tutoría que se llevan a cabo en la escuela, los voluntarios se reúnen con los niños durante una o dos horas, una o dos veces a la semana en las instalaciones de la escuela. En estas intervenciones, el tutor se concentra básicamente en actividades que desarrollan destrezas académicas y sociales, pero también involucra a los niños en actividades divertidas. Los programas de tutoría en la escuela son bastante nuevos, y todavía no está claro si funcionan tan bien como los esfuerzos "tradicionales" que se realizan en la comunidad. Sin embargo, los partidarios de las tutorías en la escuela han esgrimido varias ventajas potenciales, incluyendo las siguientes (Herrera 1999):

  • Pueden ser atractivas para los voluntarios que se muestran reacios o no pueden comprometer varias horas a la semana, que es lo que se requiere en los programas de tutoría en la comunidad.
  • El personal de intervención puede supervisar y apoyar a los tutores porque todos se reúnen en el mismo lugar.
  • Los maestros y administradores de la escuela también pueden ayudar a supervisar el proceso de intervención.
  • La participación en programas de tutoría puede mejorar imagen social de los jóvenes ante otras personas de su edad; tener un tutor con frecuencia es percibido como "súper".

Otro posible beneficio de los programas en la escuela es que reducirían el riesgo de falsas acusaciones de conductas impropias. Algunos tutores—sobre todo hombres—creen que estos programas son más seguros que las intervenciones en la comunidad debido a la cercana supervisión de maestros y administradores. Esta percepción de seguridad puede incrementar la disponibilidad de los tutores a trabajar con participantes del sexo opuesto: la flexibilidad puede permitir a las escuelas aumentar el número de estudiantes que asigna a los tutores (Herrera 1999).

Una de las intervenciones en la escuela más conocidas es el Programa de Tutoría de Norwalk. Su objetivo es elevar la autoestima, actitud y asistencia a clases de estudiantes en situaciones de riesgo debido a problemas de conducta y bajo rendimiento académico. El responsable de la intervención es contratado por las escuelas públicas de Norwalk. Los directores, trabajadores sociales, asesores, maestros y enfermeros actúan como apoyo a los tutores dentro de la escuela, y un individuo—por ejemplo, el director o el trabajador social—maneja los detalles administrativos. Los tutores voluntarios son reclutados en las empresas e industrias locales, así como en organizaciones comunitarias como instituciones municipales, grupos eclesiásticos locales, asociaciones de profesores retirados, centros de graduados universitarios y fraternidades. Cada organización participante se encarga de designar a una persona como responsable del contacto entre el tutor y la escuela.

Los tutores se reúnen con sus estudiantes en la escuela durante al menos una hora cada semana. Las actividades son variables y pueden incluir conversación, lecturas, juegos y participación en actividades recreativas. Con tutoriados de secundaria, las sesiones de tutoría generalmente se centran en las preferencias de carrera del participante, y los encuentros pueden ocurrir en el lugar de trabajo del tutor. A los tutores se les anima a mantener el contacto con los estudiantes durante el verano. Los padres y representantes son invitados a una serie de almuerzos y talleres vespertinos en la escuela.

Cada estudiante que termina la secundaria recibe una beca para continuar sus estudios, y éstas son aportadas por las empresas a través del Fondo de Becas para las Tutorías de Norwalk. Evaluaciones realizadas por tutores y profesores después de los primeros cinco años de tutoría indican que los estudiantes se benefician del programa de Norwalk. Como resultado de las relaciones tutoriales, 87%de los estudiantes mejoró su asistencia a clases, 92% incrementó su confianza en sí mismos y 96% mostró mayor cooperación en clase. Casi todos los tutores (96%) describieron su relación con los estudiantes como excelente o buena. Más de 90% de los tutores y estudiantes continúa sus relaciones durante los años de primaria y secundaria (Weinberger 1992a; 1992b). La intervención, que en 1992 contaba con más de 800 tutores, ganó en 1993 el Premio Presidencial a la Acción Voluntaria y ha sido imitada en muchas otras ciudades de Estados Unidos y Canadá.

Tutorías en las instituciones
Complementar los servicios tradicionales con tutorías puede ser una tentación para instituciones que atienden a la juventud. Sin embargo, las instituciones que estén considerando la ejecución de programas de tutoría deben cerciorarse de que están en capacidad de dedicar los recursos adecuados a la operación de este componente. Es poco común que el personal existente tenga el tiempo o la preparación suficiente para capacitar, supervisar o apoyar a los tutores. Además, la función del tutor dentro de la institución debe estar claramente definida, de manera que tanto los voluntarios como los encargados de cada caso entiendan cómo encaja la tutoría en los planes de tratamiento juvenil (Mecartney, Styles y Morrow 1994).

Haga participar a los padres y la comunidad

La participación de los padres y la comunidad es indispensable para el éxito de las intervenciones de tutoría. Los padres deben aceptar y apoyar la presencia de tutores en la vida de sus hijos, y la comunidad tiene una importancia vital en el suministro de voluntarios y una infraestructura que apoye la intervención en general.

La función de los padres
Los padres casi siempre participan de alguna manera en las iniciativas de tutoría. Los padres pueden involucrarse firmando un consentimiento para que su hijo participe en el programa, enviando al niño a una institución u organización de servicios sociales o tomando parte en las actividades junto con los tutores y el niño (Sipe y Roder 1999; Herrera 1999).

El apoyo de la comunidad
Necesitará el apoyo de la comunidad para obtener los recursos humanos y financieros necesarios para ejecutar una intervención de tutoría. Puede lograr este apoyo demostrando que existe la necesidad de llevar a cabo el programa. La información sobre el problema de la violencia juvenil y sobre los beneficios potenciales de la tutoría debería convencer a líderes y autoridades locales. También solicite información durante la etapa de definición de las metas y el plan operativo de la intervención. Esto aumentará en la comunidad el sentido de propiedad por el plan (NMWG 1991). Si su intervención se desarrolla en la escuela, asegúrese de contar con el apoyo de los administradores y profesores (Herrera 1999).

El Proyecto RAISE (siglas de Raising Ambition Instills Self-Esteem, es decir, Estimular las Ambiciones Inculca Autoestima ), uno de los cuatro componentes de la Alianza de Tutoría de Baltimore (BMP), es un buen ejemplo de un programa cuyas bases descansan sobre el apoyo de la comunidad. Iglesias, universidades, empresas y fraternidades se unen para patrocinar las intervenciones del RAISE por siete años. Reclutan tutores entre sus filas y proporcionan otras cuantas actividades a lo largo de la intervención. La meta del Proyecto RAISE es reducir la tasa de deserción escolar y mejorar las oportunidades de vida de los estudiantes de las escuelas públicas de las zonas desfavorecidas a través del mejoramiento de la autoestima de los estudiantes, de su conducta en la escuela y su rendimiento, reduciendo las conductas de alto riesgo como el abuso de sustancias y el embarazo precoz, aumentando el número de graduados y fomentando la inclinación a seguir estudiando o capacitándose (Freedman 1993; NIJ 1994).

Las evaluaciones del Proyecto RAISE han arrojado resultados mixtos. Según el BMP, el número de estudiantes del RAISE que se gradúan casi duplica el de estudiantes de escuelas similares que no participaron en la intervención (NMP 2000). Una evaluación independiente realizada al Proyecto RAISE, que utilizó grupos de comparación y tests estadísticos, encontró algunos resultados positivos después de dos años de aplicación: la intervención mejoró la asistencia a clases y las calificaciones en inglés. Sin embargo, la mayoría de los participantes siguió estando por muy debajo del rendimiento académico promedio en general y corrían el riesgo de abandonar sus estudios. Además, los índices de promoción y las puntuaciones de los tests estandarizados de estudiantes de los grados intermedios no se vieron alterados. Los efectos, aunque considerables, no fueron suficientes para neutralizar los riesgos académicos exhibidos por los estudiantes al comenzar la intervención (McPartland y Nettles 1991). Los investigadores se percataron de que el modelo del RAISE tenía una probabilidad mucho mayor de producir efectos positivos cuando se aplicaba masivamente la tutoría individual. El éxito del programa también fue afectado por variaciones tales como la forma en que las organizaciones patrocinadoras aplicaban el modelo y el tamaño y composición del grupo de estudiantes con el que se trabajaba (McPartland y Nettles 1991).

Establezca metas y objetivos claros para los resultados y ejecución de la intervención

Los programas de tutoría son extremadamente diversos, tanto en términos de actividades como de resultados deseados. En consecuencia, es esencial que estas intervenciones tengan metas y objetivos claramente declarados. Estos objetivos guiarán las decisiones de planificación concernientes a factores tales como el número y calificación de los tutores, y proporcionarán indicadores que guíen la aplicación y la evaluación. Las metas deben trazarse en dos niveles: los logros que se pretende alcanzar tanto para el programa en general como para las sesiones individuales de tutoría.

Metas de la intervención
En la mayoría de los programas, la meta suprema es desarrollar relaciones exitosas entre los tutores y sus tutoriados. En el estudio de Sipe y Roder (1999), casi tres cuartas partes de los programas de tutoría tenían la meta general de influir positivamente en el desarrollo personal del joven. En muchos casos, esto requería estimulación de la autoestima, desarrollo de valores positivos, perfeccionamiento de las destrezas de resolución de conflictos, incremento de las destrezas sociales o mejoramiento de las relaciones con la familia y otras personas de su edad. Entre otras metas identificadas en el estudio se encontraban la promoción de la responsabilidad social y del rendimiento académico, las actitudes y el comportamiento en la escuela. Cerca de un quinto de los programas tenía algún objetivo relacionado con la reducción del comportamiento delictivo entre los participantes.

Metas individuales
Las metas y objetivos de las sesiones individuales de tutoría pueden diferir de un equipo tutorial a otro. Los tutores deben trabajar con los tutoriados y sus familias (y sus profesores, si es apropiado) para determinar los logros que desean obtener y los pasos necesarios para alcanzarlos. Los tutores pueden encontrar muy útil elaborar un plan de crecimiento para sus tutoriados y revisarlo periódicamente, tanto con ellos como con sus familias. El establecimiento de una serie de metas a corto plazo puede incrementar la confianza del tutoriado y mantenerlo centrado y entusiasta (NWREL 1998). En uno de los programas de prevención de la violencia de Self Enhancement, Inc., por ejemplo, los tutores ayudan a los tutoriados a desarrollar planes de éxito individual al principio de la intervención. Estos planes, que resumen lo que el estudiante espera lograr durante las sesiones de tutoría, son revisados a lo largo del año escolar para cerciorarse de que las sesiones van progresando como se ha planeado. Mantenga las siguientes premisas en mente al momento de establecer metas individuales (Freedman 1993; Sipe 1996; Tierney, Grossman, y Resch 1995):

  • La contribución de un tutoriado al establecimiento de las metas varía con la edad: mientras mayor es el niño, mayor será su contribución.

  • Tenga en cuenta los valores y creencias religiosas a las que está expuesto el tutoriado en el hogar, y no trate de inculcar valores que puedan causar conflicto entre el tutoriado y su familia.

  • Sea realista: los tutores no pueden eliminar todos los factores de riesgo que enfrentan los jóvenes, pero pueden ayudar a los jóvenes a alcanzar metas específicas y aprender cómo manejar efectivamente situaciones negativas.

  • Modifique las metas según lo exijan los cambios que se produzcan en la vida del tutoriado.

Seleccione su intervención y diseñe actividades apropiadas

La variedad de actividades que pueden conformar una intervención es casi infinita. Las actividades que escoja dependerán de las metas de la intervención, del lugar en que se realice (en la comunidad o in situ) y de la modalidad que se seleccione (individual o en grupo), de las necesidades y características del tutoriado y de la experiencia y nivel de compromiso de los tutores. La tabla número 7 presenta una lista de actividades comunes, pero de ninguna manera es exhaustiva. (Sipe y Roder 1999; Herrera 1999).

Tabla 7

Actividades de tutoría

Sociales
hablar de las experiencias
de la vida
almorzar juntos
visitar la casa del tutor

Recreativas
jugar o hacer deportes
hacer arte o manualidades
caminar por un parque
ir a un centro comercial

Académicas
hacer las tareas escolares
visitar la biblioteca
leer juntos
trabajar en la computadora

Cívicas
colaborar en la limpieza
de la comunidad
trabajar en un comedor popular


Relacionadas con eventos
(excursiones)

acampar o ir a la montaña
ir a un concierto o exposición
asistir a un evento deportivo
asistir a un evento deportivo

Relacionadas con las destrezas
para la vida

diseñar un programa de
ejercicios o de alimentación
asistir a una clase de cocina
hablar de protocolo y etiqueta
participar en una clase
de oratoria

Relacionadas con el trabajo
visitar el lugar de trabajo
del tutor
elaborar un currículum
hablar de opciones de trabajo
ensayar entrevistas de trabajo
 

Tenga presentes los siguientes consejos cuando planifique sus actividades (Freedman 1993; Sipe 1996):

  • Haga que sus actividades sean tan divertidas como educativas.

  • Concéntrese más en actividades que fomenten el intercambio mutuo que en instruir al tutoriado.

  • Planifique actividades que representen retos.

  • Proporciónele apoyo y estímulo al tutoriado, pero no resuelva sus problemas.

Modalidad de la intervención
En la mayoría de los casos, las intervenciones son individuales, modalidad en la que usualmente un tutor trabaja con un tutoriado. Sin embargo, un tutor puede también ser asignado a varios tutoriados con los que se reúne por separado. Los ejemplos más comunes de modalidad individual múltiple son los programas en los cuales personas retiradas se reúnen por separado con varios niños cada día de la semana (Sipe y Roder 1999). El programa Amigos de los Niños, de Portland, Oregon, también utiliza esta modalidad. Sus tutores, a los que llaman "amigos", hacen equipo con un máximo de ocho niños, con quienes se reúnen individualmente varias veces a la semana (Woo 1999).

La tutoría también puede realizarse en grupo. Esta modalidad asigna un tutor a un grupo de jóvenes. Los grupos normalmente incluyen unos cuatro o cinco niños, pero pueden oscilar entre 2 y 30 ó 40 niños. Algunos programas para grupos ponen juntos a dos o más tutores con un grupo de participantes. Asignar varios tutores a un grupo tiene varias ventajas. Reduce la proporción de tutoriados por tutor, lo que permite una mayor atención de cada tutor a los tutoriados. También permite que los programas de tutoría lleguen a un mayor número de jóvenes y reduce los problemas que surgen cuando un tutor no puede asistir a una sesión: si un tutor no puede asistir, los tutoriados aún pueden reunirse con el otro tutor (o los otros tutores). Sin embargo, se ha hecho poca investigación sobre los programas para grupos, de modo que ignoramos si la modalidad produce relaciones efectivas o si los niños obtienen el mismo beneficio de la modalidad grupal que de un programa individual (Sipe y Roder 1999).

La experiencia de los demás
Identificar intervenciones ya existentes que sirvan de modelo a los esfuerzos que usted realiza puede evitar que tenga que volver a inventar la rueda. Si sabe de un programa de tutoría que ha tenido efectos positivos, trate de imitarlo. Si desea elaborar una intervención a la medida para su comunidad, tenga cuidado al cambiar elementos esenciales de la ejecución, pues podría alterar el resultado final. La sección Recursos adicionales, en la página 194, puede ayudar a encontrar ideas para su intervención.

Seleccione personal apropiado para su intervención

Las intervenciones de tutoría generalmente requieren un personal numeroso. Se necesitan muchos voluntarios que actúen como tutores, así como especialistas que capaciten y apoyen a los tutores. Los profesionales encargados de la intervención deben balancear cuidadosamente el deseo de conseguir personal de alto nivel con la necesidad de seleccionar un personal que esté calificado, que sea dedicado y que se sienta capaz de comprometerse a largo plazo.

Reclutamiento del personal
Antes de reclutar voluntarios o personal contratado, defina claramente el perfil que se requiere para cada cargo. Indique las habilidades y características que deben poseer los tutores y otros miembros del personal. Ponga por escrito los tipos específicos de actividades que se han de llevar a cabo y el tiempo que hay que comprometer (NWREL 1998). El programa de Hermanos Mayores/ Hermanas Mayores, por ejemplo, exige a los responsables de cada caso que seleccionen a los solicitantes, formen y supervisen a los equipos y separen a los miembros de los grupos cuando éstos ya no llenan los requisitos de elegibilidad o cuando cualquiera de las dos partes no puede seguir participando en la relación de tutoría. También asesoran a los tutores cuando surgen situaciones difíciles (Elliot 1997).

Decida dónde buscar posible personal y voluntarios. Las calificaciones requeridas y las actividades de intervención le ayudarán a determinar dónde encontrar el mejor conjunto de candidatos. Las siguientes ideas pueden ayudarlo a localizar a los mejores (NWREL 1998; Sipe 1996; Departamento de Educación de Estados Unidos 1996):

  • Contacte las oficinas de atención comunitaria en universidades y escuelas secundarias.

  • Hable con los directores de relaciones públicas de las empresas o corporaciones locales.

  • Distribuya información a través de las organizaciones sin fines de lucro de la localidad.

  • Solicite a las estaciones de radio y de televisión que transmitan avisos sobre las oportunidades para los voluntarios.

  • Publique avisos en los periódicos o logre que se publiquen reportajes de interés humano.

Puede trabajar también con organizaciones como la Asociación Americana de Retirados (AARP), United Way y la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP) para localizar personal. Esta estrategia puede ayudar a reclutar una población a la que, de otra manera, se le habría limitado el acceso. También permite ahorrar recursos que pueden utilizarse en una selección más meticulosa (Sipe 1996).

Compromiso corporativo
Solicite a las empresas y corporaciones de la localidad que apoyen el programa y que cooperen en la búsqueda de tutores. Una de las formas más común de esta asociación con las empresas es el programa "adopte una escuela", por medio del cual las empresas ofrecen a sus empleados como tutores (Herrera 1999). Las empresas también ofrecen facilidades para realizar actividades de tutoría o excursiones. Aún cuando los propietarios no deseen participar directamente, pueden conceder tiempo libre a los empleados para que tomen parte en las tutorías. (NMWG 1991). Esta es una contribución muy valiosa, pues permite a las personas hacer tutorías sin desmedro del tiempo que dedican a su familia o a sí mismas. Bajo estas circunstancias, un número mayor de personas estará dispuesto a participar como voluntarios.

Un estudio realizado en Carolina del Norte examinó la efectividad del proyecto Apoyando a los Adolescentes con Consejos y Empleo (SAGE), un programa para la comunidad que combina varios componentes diseñados para prevenir la violencia y otras conductas de alto riesgo entre muchachos estadounidenses de origen africano. El SAGE incluyó un programa de ocho meses de African American Rites of Passage (ROP), desarrollado por la Cadena de Profesionales y Empresarios de Durham y el Departamento Municipal de Salud de Durham; una experiencia de empleo de verano de seis semanas, patrocinada por la Oficina de Empleo y Capacitación de la Ciudad de Durham; y una experiencia empresarial de 12 semanas al estilo de Junior Achievement (JA), dirigida por 16 empresarios de Durham. La tutoría realizada por empresarios y profesionales de origen africano fue un elemento fundamental en el programa de ROP, que también abarcó lecciones sobre la cultura e historia de la comunidad estadounidense de color, la edad adulta y la habilidad de resolver conflictos (Ringwalt et al. 1996).

Resultados de la evaluación del programa SAGE sugieren que éste puede tener un efecto positivo sobre los comportamientos considerados violentos y otros factores de riesgo relacionados con la salud. Informes de los propios sujetos del estudio, 18 meses después de la intervención, indicaron que en los participantes del SAGE era menos frecuente portar armas y vender drogas ilegales que en los miembros del segundo grupo de estudio (que sólo recibieron empleo de verano y el programa de JA) o el grupo de control. Los participantes del SAGE también experimentaron una reducción en los hábitos de beber excesivamente y de usar armas contra otras personas. En los 30 meses de seguimiento disminuyeron los efectos positivos, como es típico en las intervenciones de prevención. Los autores destacan que los resultados del estudio son limitados, ya que no se observaron niveles estadísticamente significativos en los descensos de la violencia y otras conductas de riesgo (Flewelling et al. 1999).

Career Beginnings es otro programa que involucra a las empresas. Es una iniciativa académico-laboral de múltiples facetas, dirigida a los estudiantes socialmente desfavorecidos de todos los años de secundaria que tienen calificaciones e índices de asistencia dentro del promedio y han demostrado motivación y compromiso. Los tutores apoyan a los estudiantes en la exploración de sus opciones universitarias y profesionales a través de talleres educativos, capacitación en carreras específicas y experiencias laborales de calidad durante el verano. Igualmente, guían a los estudiantes en el proceso de admisión en las universidades o durante el proceso de búsqueda de un empleo de tiempo completo. Una evaluación realizada a Career Beginnings en 1990 comparó a los jóvenes que respondieron las entrevistas de seguimiento uno o dos años después de la asignación al grupo de intervención o al de control.3 Los evaluadores encontraron que los participantes de Career Beginnings tuvieron un índice levemente más alto de asistencia que los del grupo de control. Los participantes de la intervención también mostraron niveles más altos de inscripción en la universidad y aspiraciones educativas más elevadas que los que no participaron y recibieron similar educación y servicios relacionados con el trabajo (Cave y Quint 1990; Departamento de Educación de Estados Unidos 1993).

Personas de la tercera edad como tutores
Un estudio realizado en más de 700 programas de tutoría reveló que en aproximadamente cinco por ciento de éstos se utilizó a personas de la tercera edad y jubilados como tutores (Sipe y Roder 1999). Las evaluaciones han sugerido que estos programas intergeneracionales pueden producir relaciones positivas y satisfactorias que benefician tanto a los jóvenes como a los mayores (Freedman 1988).

Across Ages es un programa en el que se conforman equipos con personas de alto riesgo y tutores de la tercera edad. Es financiado por el Centro para la Prevención del Uso Indebido de Sustancias de la Dirección de Servicios de Salud Mental y Uso Indebido de Sustancias y coordinado por el Centro para el Aprendizaje Intergeneracional de la Temple University. Aunque originalmente fue diseñado como una intervención en la escuela que pretendía prevenir el uso de drogas, el programa se ha expandido para abarcar una mayor variedad de factores de riesgo. Una evaluación de tres años que se hizo a Across Ages reveló que los programas de instrucción en el aula y los talleres con padres son más efectivos en la prevención del uso de las drogas cuando se combinan con tutoría intergeneracional que cuando se les ejecuta solos. Aunque después de la intervención tanto el grupo tutoriado como el no tutoriado se mostraron mejor preparados para responder apropiadamente a los ofrecimientos de drogas o alcohol provenientes de personas de su misma edad, los estudiantes del grupo de Across Ages tuvieron también un mayor sentido de su propia dignidad y bienestar y fue menos frecuente el sentimiento de tristeza y soledad (LoSciuto et al. 1996; Taylor et al. 1999). Debido a su promesa de reducir los factores de riesgo y promover los factores de protección, Across Ages ha sido seleccionada por el Centro para la Prevención del Uso Indebido de Sustancias como un modelo que debe emularse en varios sitios de Estados Unidos.

Linking Lifetimes es otro programa de tutoría intergeneracional desarrollado por el Centro para el Aprendizaje Intergeneracional de la Temple University. Un estudio dirigido por Styles y Morrow en 1992 examinó las relaciones que surgían entre los jóvenes y sus tutores en cuatro sitios de demostración de Linking Lifetimes. Los tutoriados del programa eran delincuentes juveniles, madres adolescentes y jóvenes que vivían en vecindarios de alto riesgo, y sus edades oscilaban entre los 12 y los 17 años; los tutores eran personas de 55 y más años. De los 26 equipos estudiados, 17 se mostraron satisfechos con sus relaciones. Específicamente, los miembros de los equipos satisfechos indicaron que tenían sentimientos de apego, cariño y rasgos comunes con el otro. Se sentían comprometidos con la relación y querían que ésta continuara. Además, los jóvenes satisfechos expresaron que sentían a sus tutores como una fuente de apoyo. Los tutores satisfechos se sentían apreciados o creían que habían significado una diferencia en la vida de los jóvenes. No queda claro en el estudio, sin embargo, si el programa de Linking Lifetimes tuvo algún efecto sobre la conducta y actitudes de los jóvenes.

Criterios para el personal y los tutores
Los tutores dan consejos positivos y actúan como modelos de conducta. Se convierten en maestros, confidentes, amigos, defensores, protectores y motivadores. Dedican muchas horas a sus tutoriados y establecen relaciones duraderas con ellos. Naturalmente, sólo una persona especial puede ser tutor, y los profesionales encargados de la intervención deben recordar que no todos los voluntarios están preparados para la tutoría. Los voluntarios que no tienen las cualidades o el tiempo necesarios para la tutoría pueden cumplir otras funciones, como personal de apoyo, instructores o recolectores de fondos (Freedman 1993).

Aunque, como se verá más adelante, deben aplicarse criterios especiales a los tutores, todos los miembros del personal, tanto voluntario como contratado, debe tener las siguientes cualidades:

  • fe en la tutoría

  • compromiso y comprensión de las metas y valores de la intervención

  • experiencia en el trabajo con niños y adolescentes

  • buenas destrezas organizativas y atención a los detalles

  • capacidad para trabajar con personas de diferentes entornos culturales

Seleccionar a los tutores requiere de mucha deliberación; ser demasiado indulgente en su proceso de selección puede traer graves consecuencias. Escriba claramente los criterios de elegibilidad que permitan al personal a escoger sabia y objetivamente. Por sobre todas las cosas, cerciórese de que no hay nada en el pasado o el carácter de un individuo que descalifique para la tutoría. La luz roja se encenderá cuando haya:

  • problemas de abusos de sustancias

  • historia de maltrato, abandono o abuso sexual a niños

  • condenas por delitos cometidos

  • historia de conducta desinhibida o inestabilidad emocional

  • mora en los pagos de manutención a los hijos

  • interferencia con políticas o procedimientos

Considere también los aspectos prácticos del carácter del potencial tutor, como:

  • Distancia con el tutoriado o el sitio de la intervención. Si el tutoriado vive muy lejos, el tiempo de viaje puede convertirse en un obstáculo para realizar reuniones regulares.

  • Edad y otras características demográficas. La importancia de esos factores dependerá de sus actividades de intervención y de las preferencias de sus tutoriados.

  • Disponibilidad para reunirse regularmente y comprometerse a largo plazo. No sería prudente, por ejemplo, aceptar un voluntario que viaja frecuentemente o que está planeando mudarse en pocos meses.

  • Compasión y tolerancia. Los tutores deben ser cuidadosos y receptivos a los puntos de vista y actitudes que difieren de los suyos.

  • Deseo de pasar tiempo con los niños. Los tutores deben disfrutar la interacción con los niños y sentirse cómodos con jóvenes que al principio pueden mostrarse "fríos" con ellos.

Selección de los tutores
Existen varias formas de saber si un candidato tiene las cualidades que se requieren para ser tutor. Las herramientas de selección más comunes son las solicitudes por escrito, las entrevistas en persona, la verificación de referencias (tanto personales como de empleos anteriores) y el descarte de antecedentes criminales (Sipe y Roder1999). Si está planeado que el tutor pase tiempo solo con un niño, deben realizarse visitas domiciliarias (NMWG 1991). Si los tutores van a transportar a los niños, es necesario revisar sus expedientes de tránsito. En algunos programas para escuelas, los tutores deben presentar certificados de salud, incluyendo pruebas como la de la tuberculosis (Weinberger 1992b).

Capacite al personal y a los tutores

La capacitación requerida por el personal de intervención dependerá de sus funciones que deba desempeñar. Para los tutores, el contenido del entrenamiento dependerá de las actividades que se lleven a cabo en las sesiones de tutoría y el resultado deseado de la intervención.

La capacitación del persona
l Los individuos que han de encargarse de reclutar y seleccionar a los tutores deben recibir, además del adiestramiento para entrevistar y elegir entre los candidatos, la capacitación necesaria para abordar efectivamente a las organizaciones, corporaciones e individuos acerca de la tutoría. Los reclutadores también deben aprender cómo rechazar con mucho tacto a personas interesadas sin ofenderlas. Aunque alguien esté muy mal calificado para la tutoría, esta persona podría ser un candidato ideal para el personal de apoyo. El personal seleccionado para apoyar a los tutores debe estar capacitado para mantener el entusiasmo entre los voluntarios, diseñar actividades creativas para los jóvenes y resolver conflictos entre voluntarios y participantes.

Capacitación de los tutores
Los tutores deben recibir una amplia capacitación antes de formar grupos con los tutoriados. Algunas áreas generales que hay que enfocar son las funciones que se espera que asuman los tutores y los valores, filosofía y metas de la intervención. Las áreas específicas que deben cubrirse en el entrenamiento incluyen las siguientes (NMWG 1991; Styles y Morrow 1992; Freedman 1993; Gallup 1998; NWREL 1998; Herrera 1999):

  • Confianza. Una relación de tutoría efectiva se construye sobre la confianza. Entre las claves para granjearse la confianza de los tutoriados se encuentran la asistencia a las reuniones y el cumplimiento de las promesas.

  • Paciencia y perseverancia. Los jóvenes tienen la propensión a sentirse incómodos al compartir detalles íntimos. Al comienzo algunos se mostrarán reacios a hablar sobre cualquier cosa. Los tutores deben ser pacientes y percatarse de que la relación, al principio, será unilateral.

  • Habilidades comunicativas. Los tutores deben ser capaces de compartir ideas con los jóvenes y sugerir comportamientos y actitudes alternos sin sonar como si estuvieran en un juicio. Además, deben escuchar con atención a los jóvenes, observando su lenguaje corporal y detectando señales que puedan revelar sentimientos ocultos. Una buena capacidad comunicativa contribuirá a desarrollar la relación y dará a los tutoriados un buen ejemplo de cómo interactuar con los demás.

  • Destrezas para la resolución de problemas. Los tutoriados por lo general enfrentan dificultades sociales y académicas. Los tutores deben estar en capacidad de ayudar a los jóvenes a hallar soluciones.

  • Desarrollo de la autoestima. Una de las funciones del tutor es ayudar al tutoriado a desarrollar su autoestima. Enséñeles a los tutores cómo orientar a sus jóvenes para trazarse metas iniciales que sean relativamente fáciles y rápidas de alcanzar. Los primeros logros ayudarán a los tutoriados a reconocer sus capacidades y acrecentar el orgullo por sus propias conquistas. A medida que la relación progrese, las metas deben ir representando mayores desafíos.

  • Fases de desarrollo. Los tutores tienen que conocer las etapas de desarrollo por las que pasan los niños y adolescentes. Esto los ayudará a entender mejor el comportamiento de sus tutoriados y a desarrollar actividades adecuadas a su edad.

  • Asuntos culturales y económicos. Los tutores deben ser informados sobre los antecedentes culturales y económicos del tutoriado, de manera que se puedan elaborar actividades que apunten a los retos que los tutoriados enfrentan en sus familias, comunidades y escuelas. Ya que no existen dos jóvenes con idénticos antecedentes, esta información debe suministrarse a los tutores individualmente una vez que se conforma un equipo, y nunca durante sesiones de grupos.

Proporcione a los tutores un manual de entrenamiento con un resumen del material cubierto durante la capacitación; recursos adicionales como una lista de personas a quienes recurrir en caso de situaciones difíciles (encargados de caso o directores de programa), ysugerencias sobre actividades (por ejemplo, catálogos de eventos y excursiones). Incluya también parámetros para el comportamiento del tutor; procedimientos para manejar situaciones de emergencia (lesiones, por ejemplo), y políticas de confidencialidad y responsabilidad, las cuales deben abarcar directrices acerca de cómo reportar abusos físicos y sexuales y otras situaciones que amenacen la vida.

Planifique sesiones complementarias de capacitación a lo largo de la intervención y ofrezca formación más avanzada a los tutores a medida que los tutoriados vayan avanzando en las diferentes etapas de desarrollo (por ejemplo, cuando los tutoriados ingresan a la escuela secundaria).

Recursos para la capacitación
Puede suceder que organizaciones patrocinadoras pequeñas no puedan asumir un proceso de capacitación completo. Identifique las fuentes de asistencia técnica para los entrenamientos; por ejemplo, un socio que posea una organización más grande o una universidad.

Reclutar a los participantes

La mayoría de los programas de tutoría están dirigidos a jóvenes que carecen de modelos de conducta adulta positiva o que están expuestos a otros factores de riesgo relacionados con comportamientos negativos. (Sipe y Roder 1999). ¿Cómo se localiza a estos jóvenes?

Algunas veces serán ellos quienes vengan a usted. El programa de Hermanos Mayores/Hermanas Mayores, por ejemplo, tiene una lista de espera y no necesita ir a reclutar. La mayor parte de los programas exigen que el aspirante haya sido referido por profesores o asesores, organizaciones comunitarias de atención infantil, profesionales del servicio social, autoridades locales en asuntos familiares o el sistema de justicia penal. También se le puede pedir a los padres —de viva voz o a través de una campaña de comunicación organizada— que inscriban a sus hijos en el programa.

Sin embargo, no es suficiente encontrar niños y adolescentes con problemas. Hay que asegurarse de que los jóvenes van a comprometerse con el programa. Cerciórese de que los participantes entienden lo que se esperará de ellos. Asegúrese también de que los padres entienden en qué estarán involucrados sus hijos y busque que apoyen su participación. Puede suministrarse esta información mediante:

  • declaraciones escritas, entrevistas, visitas al hogar y llamadas telefónicas;

  • reuniones de orientación que describan la función del tutor, del tutoriado y de los padres;

  • un manual para las familias y los tutoriados.

Haga énfasis en las oportunidades de nuevas y excitantes experiencias que ofrece la tutoría.

Proporcionar incentivos
Con frecuencia, las experiencias que ofrecen las relaciones de tutoría—mejorar el rendimiento académico, ir al cine, asistir a un evento deportivo o simplemente tener un adulto de confianza a quien acudir—son suficientes para despertar el interés de los jóvenes por entrar en un programa de tutoría. Sin embargo, si tiene dificultades en atraer a los participantes ideales, quizá necesite ofrecer incentivos especiales. Por ejemplo, la Fundación Ewing Marion Kauffman, de Kansas City, ofreció incentivos monetarios a los estudiantes que participaron en el Proyecto Choice (Elección), un programa de prevención de la deserción escolar que se ejecutó en una escuela secundaria local. Si los participantes—que ingresaron en el programa estando en primer año—se mantenían alejados de las drogas, evitaban el embarazo precoz y terminaban la secundaria en el tiempo estipulado, recibían fondos para cubrir su matrícula universitaria (Fundación Ewing Marion Kauffman 2000).

Concéntrese en lo positivo
Los jóvenes pueden ser reacios a participar en un programa de tutoría si se les presenta como un tratamiento contra las conductas negativa o problemáticas. Los profesionales del programa deben hacer énfasis en las oportunidades de nuevas y excitantes experiencias que presenta la tutoría (NWREL 1998).

Ejecute su intervención

El éxito de una intervención radica en gran medida en el desarrollo de relaciones de confianza y beneficio entre jóvenes y adultos (o, en algunos casos, adolescentes mayores). Para fomentar este tipo de relaciones, los profesionales del programa deben recordar tres principios básicos.

En primer lugar, tanto la cantidad como la calidad del tiempo son importantes. La interacción entre los tutores y los tutoriados debe ocurrir con la frecuencia suficiente para que se forme la relación. Los tutores, además, deben estar atentos a los tutoriados durante todos sus encuentros, de manera que éstos se sientan cuidados y comprendidos.

Segundo, las sesiones deben tener lugar regular y puntualmente. Seguir un itinerario puede ayudar a los tutores a mejorar su índice de asistencia (Tierney y Branch 1992) y da a los jóvenes algo por lo cual estar a la expectativa. Apegarse a un itinerario ayuda a elevar la confianza entre el tutor y el tutoriado. Este punto es extremadamente importante porque cuando un tutor falta a una reunión, el tutoriado puede sentirse frustrado, molesto o decepcionado (NMWG 1991). En una persona que está en riesgo por problemas académicos, uso de drogas o comportamiento violento, estos sentimientos pueden ser altamente destructivos.

Finalmente, las sesiones deben ser frente a frente siempre que sea posible. Este tipo de interacción no sólo promueve la cercanía, sino que además permite a los tutores percatarse de importantes detalles sobre sus tutoriados, tales como lenguaje corporal, signos de maltrato físico o aspectos de la conducta y la apariencia que pudieran ser motivo de preocupación (por ejemplo, síntomas de depresión, tatuajes al estilo de las bandas, evidencias de peleas). Cuando las circunstancias impidan la realización de reuniones cara a cara, los tutores deben llamar por teléfono o escribir a sus tutoriados en vez de dejar pasar días sin que haya interacción. Por ejemplo, un tutor de un programa intergeneracional escribió cartas a su tutoriado mientras el joven se encontraba en un programa de tratamiento contra las drogas (Styles y Morrow 1992).

Apareando padrinos con apadrinados una tutores con tutoriados
La formación de equipos de tutores y tutoriados puede hacerse de numerosas maneras. El enfoque que se elija para este proceso dependerá de las metas y actividades de la intervención, de las preferencias de los jóvenes, sus padres y los tutores (Sipe 1996). Sin embargo, sean cuales fueren los criterios elegidos, escríbalos y aplíquelos uniformemente.

Intereses comunes
Los intereses comunes son muy importantes en el equipo tutortutoriado (NWREL 1998). De hecho, un estudio reporta que más de dos tercios de las intervenciones pusieron juntos a tutores y tutoriados según sus intereses comunes (Sipe y Roder 1999). El Proyecto RAISE (Raising Ambition Instills Self-Esteem), por ejemplo, exige a sus tutores y tutoriados que completen una encuesta para determinar sus áreas de interés y expectativas; el resultado de estas encuestas permite al personal conformar los mejores equipos (Freedman 1993).

Las relaciones en las que tanto el tutor como el tutoriado están de acuerdo en cuanto al tipo de actividades en las que desean participar tienden a ser más satisfactorias para ambos miembros del equipo (Sipe 1996)

Género y raza
Algunos participantes—y sus padres—preferirán que se les asigne un tutor de la mismo raza o género. Este tipo de equipos puede hacer que los tutoriados y sus padres se sientan más cómodos y que eviten interpretaciones erróneas o malentendidos culturales (NWREL1998). Sin embargo, la experiencia sugiere que formar equipos de tutores y tutoriados de diferentes razas y géneros también puede generar relaciones satisfactorias (Sipe 1996). Aunque es mejor acatar las preferencias de los participantes y sus padres, los profesionales de la intervención pueden discutir los beneficios potenciales de equipos mixtos en raza o sexo cuando el inicio de las actividades de tutoría se demoren excesivamente debido a la ausencia de un tutor del mismo sexo y raza que el tutoriado (Sipe y Roder 1999).

Los programas de Hermanos Mayores/Hermanas Mayores han tomado en cuenta la raza al asignar tutores a sus participantes. Han puesto en marcha una campaña especial llamada "Pass It On" (Pásalo) para reclutar hombres estadounidenses de origen africano. La campaña se basa en la creencia de que en equipos de la misma raza los Hermanos Menores se identifican mejor con sus tutores (Milloy 1997).

El Programa de Tutoría Juvenil (JUMP), financiado por la Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia (OJJDP) del Departamento de Justicia, toma en cuenta el género cuando conforma sus equipos. Los profesionales encargados del JUMP tratan de juntar tutores con tutoriados del mismo género. De hecho, casi todos los tutores masculinos son asignados a participantes masculinos. Sin embargo, en casi 20 por ciento de los casos, los varones hacen equipo con una tutora. Estos casos surgen porque existen más voluntarias que voluntarios en el programa JUMP. Aunque las instituciones no utilizan la raza o el origen étnico como criterio para hacer asignaciones, en casi dos tercios de los equipos del JUMP ambos miembros provienen del mismo grupo racial o étnico.

Actualmente se está llevando a cabo una evaluación a gran escala de las intervenciones del JUMP. Sin embargo, una evaluación preliminar basada en la retroalimentación proporcionada por los beneficiados ha mostrado que, en su mayoría, tanto los tutores como los participantes se sienten satisfechos con sus relaciones. Además, tanto los tutores como los participantes creen que sus relaciones han favorecido, al menos un poco, el rendimiento académico y la asistencia a clases, la prevención del uso de las drogas y el alcohol; han evitado el inicio de peleas y la pertenencia a bandas, y ha mejorado las relaciones con la familia y otros individuos de la misma edad. Poco más de la mitad de los jóvenes cree que la tutoría los ayudará mucho en estas áreas de riesgo; poco más de un tercio de los tutores cree que sus esfuerzos tienen muchos beneficios (OJJDP 1998).

Antecedentes culturales y económicos
Debido a que una de las metas de cualquier intervención de tutoría es proporcionar a los jóvenes modelos de conducta positiva, lo óptimo sería poner juntos a jóvenes y tutores de antecedentes culturales y económicos y culturales similares (Freedman 1993; NWREL 1998). Los tutoriados responden mejor a tutores que son capaces de decir honestamente que han experimentado—y superado—los mismos obstáculos que enfrentan los jóvenes.

Proximidad geográfica e itinerarios compatibles
Tenga en cuenta la proximidad geográfica cuando asigne los jóvenes a cada tutor. Si los miembros de un equipo de tutoría viven cerca el uno del otro, podrán reunirse con facilidad y, probablemente, con mayor frecuencia. Recuerde también que los tutores y los participantes deben tener horarios compatibles para que sus encuentros sean regulares y constantes.

Asignación natural y aleatoria
Algunos encargados de intervención permiten a los tutores y sus tutoriados formar los equipos naturalmente. Talleres y eventos sociales permiten que los tutores y sus tutoriados lleguen a conocerse entre sí y conformen sus propios equipos. Otro método es la asignación aleatoria, en el cual no se utiliza ningún criterio específico.

Haga coincidir la frecuencia, intensidad y duración de la intervención con las necesidades del participante
Las relaciones de tutoría se desarrollan por medio de un gran número de encuentros a lo largo de un período prolongado. Los tutores deben reunirse con sus jóvenes por una o más horas a la semana por al menos seis meses, que es el tiempo mínimo que se requiere por lo general para establecer relaciones cercanas y de confianza (Freedman 1993; Sipe 1996). Sipe y Roder (1999) hallaron que la mitad de las intervenciones de tutoría que estudiaron en su investigación requería un compromiso de un año.

Algunos programas de tutoría exigen que los tutores se comprometan en relaciones mucho más duraderas. El programa Amigo de los Niños, de Portland, Oregon, hace equipos con niños de alto riesgo y "amigos" contratados a tiempo completo que se comprometen en relaciones que se mantienen durante todos los años que el niño pasa en la escuela. Los candidatos deben ser capaces de reunirse con los niños constantemente por muchos años y deben estar graduados y tener experiencia en trabajo con niños. Cada candidato pasa un pormenorizado examen de sus antecedentes antes de ser asignado, según su género, a un máximo de ocho niños. Ser uno de estos "amigos" se considera una carrera. Todos los amigos reciben beneficios que incluyen seguro y plan de retiro 401(k), y una modesta cuenta de gastos mensuales (Hallman 1999).

Los amigos pasan con sus niños al menos cuatro horas a la semana. Las actividades abarcan desde hacer la tarea hasta ir al parque o compartir sueños e ideas, pero el objetivo general de estas actividades es el mismo para todos los equipos: enseñarles a los niños destrezas de resolución de problemas y de conflictos, honestidad, respeto por sí mismos y por los demás, amor al trabajo y responsabilidad (Friends1999a, 1999b).

Amigos de los Niños está en su séptimo año de actividades, de manera que todavía hay que esperar los resultados finales por unos cuantos años más. Sin embargo, el Laboratorio Educativo de la Región Noroccidental ha llevado a cabo una evaluación preliminar del programa, y los resultados son halagadores. La evaluación halló que los amigos o tutores pueden contribuir a la elevación de la autoestima, actitudes más positivas y mejores destrezas comunicativas. Además, la mayoría de los participantes mejoró su rendimiento académico. De hecho, sólo dos por ciento de los participantes no aprobó el curso escolar. El programa Amigos de los Niños también evitó que hubiera contacto con el sistema de justicia juvenil, y la mayoría evitó el uso de drogas y de alcohol (Hallman1999; Woo 1999).

Supervise y apoye a los tutores
Mantener el compromiso de los tutores es un trabajo duro. Los programas de tutoría deben proporcionar supervisión y apoyo permanente a los voluntarios para garantizar que las reuniones se llevan acabo regularmente y para evitar que los tutores se desanimen y se desgasten.

En las intervenciones en las que el personal contacta a los tutores regularmente se reportan grupos de tutoría de mayor calidad (Sipe1996). La mayoría de los programas contactan a los tutores por teléfono una vez al mes (Sipe y Roder 1999). Algunos programas instituyen reuniones de apoyo mensuales o bimensuales entre los tutores y el personal, durante las cuales los tutores pueden expresar sus preocupaciones, frustraciones y dificultades. Otros programas organizan eventos como picnics, fiestas y conferencias, donde los tutores reciben regalos y reconocimientos por trabajos bien hechos y comparten historias de experiencias exitosas que ilustran la diferencia que ha significado los tutores en la vida de los jóvenes (Herrera 1999).

Cuando se está planificando una intervención, debe desarrollarse una infraestructura para dar este apoyo a los tutores. En el estudio de Sipe y Roder (1999), la media de tutores por miembros del personal fue de 20 a uno. Si la mayor parte de los tutores de su intervención tienen poca experiencia, puede necesitar un personal de apoyo más numeroso (NWREL 1998).

Estimule la participación continua
El índice de deserción de las intervenciones de tutoría es bastante alto. Algunos investigadores calculan que la mitad de las relaciones fracasa (Freedman 1993). Los tutores deben trabajar para mantener el interés de los participantes en la relación de tutoría. Las siguientes premisas pueden ayudar a los tutores a aumentar la probabilidad de que los jóvenes permanezcan en el programa (Styles y Morrow 1993;Sipe 1996):

  • Escuche al joven y respete sus puntos de vista.

  • Involucre al participante en la decisión de cómo pasar el tiempo juntos.

  • Respete la necesidad de privacidad de su tutoriado y no insista en que le haga confidencias.

  • Muéstrese dispuesto a conversar en cualquier momento.

  • Modifique las estrategias y metas a medida que el participante vaya creciendo; si es necesario, cambie de tutor para llenar las necesidades de desarrollo del tutoriado.

Vigile el progreso y la calidad de la ejecución

Como en cualquier intervención, la vigilancia es necesaria para asegurar que la tutoría se está desarrollando como se había planeado (NMWG 1991). Establezca mecanismos para evaluar el progreso y medir la satisfacción con las relaciones. Estos mecanismos pueden incluir:

  • pedirles a los tutores y tutoriados que firmen dando fe de sus reuniones;

  • entrevistar a los tutores, tutoriados y padres;

  • pedir a los tutores hagan anotaciones sobre sus actividades, logros y preocupaciones.

Si se percata de que un tutor o uno de los jóvenes está faltando frecuentemente a las reuniones, entrevístese con esta persona para ver si tiene problemas de transporte o conflictos de horario. Si un grupo no está funcionando, aún luego de un esfuerzo considerable por parte del tutor y del personal, trate de reasignar a ambos miembros del equipo (Departamento de Educación de Estados Unidos 1996).

Evalúe resultados

Cuando la intervención llegue a su final, evalúe si las metas generales y las metas de cada tutoriado se han alcanzado. Ya que una de las metas de cualquier intervención de tutoría es crear relaciones beneficiosas, evalúe la calidad de las relaciones de su programa. Determine cuántas relaciones se mantuvieron a lo largo de la intervención y pregunte tanto a los tutores como a los tutoriados cuán satisfechos se sentían con sus relaciones.

Otra meta típica de la tutoría es prevenir o revertir algún tipo de comportamiento negativo, tal como la violencia, el uso de drogas o rendimiento académico deficiente. Pida a los padres y profesores que evalúen los cambios que se han visto en la conducta de los tutoriados. Puede pedir a los propios jóvenes que identifiquen cualquier cambio que hayan observado en su manera de pensar o de actuar. Otra forma de verificar el efecto de su intervención es evaluar el índice de deserción y revisar los registros de amonestaciones y suspensiones de la escuela con el fin de determinar si las acciones disciplinarias han decrecido durante la intervención.

Recuerde comparar las conductas, actitudes y rendimiento académico de los jóvenes que participan en la intervención de tutoría con los de los jóvenes que no participaron (por ejemplo, un grupo de control) para determinar cuán significativo ha sido el cambio. Si, por ejemplo, todos los estudiantes de los primeros años de secundaria mejoraron su rendimiento y redujeron su conducta delictiva durante el período de la intervención, no se puede interpretar todavía que la tutoría es responsable de tales cambios en los participantes. Los cambios pueden haber ocurrido sin que se realizara la intervención. Por otra parte, podría descubrirse que, aunque las conductas agresivas persistieron en los participantes, la agresión se incrementó entre los jóvenes que no tomaron parte en la tutoría. Sin un grupo de comparación, no podría reconocerse cuán significativo puede ser un índice estable.

Mantener los resultados después de la intervención

Si su intervención ha logrado efectos positivos, usted querrá, por supuesto, mantener tales efectos. Un paso importante para mantener los resultados es proporcionar a los tutoriados un período transitorio de apoyo. Esto se puede hacer de varias formas. Mediante entrevistas finales entre los jóvenes y el personal, entre los tutores y el personal y entre los tutores y los jóvenes, los tres grupos discutirán los beneficios del programa y expresarán sus preocupaciones acerca de la etapa que sigue para los jóvenes. El reconocimiento de los logros de los tutoriados—a través de ceremonias de premiación, banquetes, y periódicos escolares y comunitarios—puede motivar a los jóvenes a continuar mejorando su rendimiento académico, evitando las drogas o la violencia y buscando otras relaciones positivas con los adultos.

Es útil vincular a los jóvenes con otros servicios y actividades comunitarios, como los niños exploradores y grupos escolares o eclesiásticos que llenen el vacío que deja el final de su relación de tutoría. Debe procurárseles asistencia a los jóvenes que tiene dificultades con la transición (NMWG 1991).

Como algunos equipos desearán mantener su relación de alguna manera después de que la intervención haya finalizado, los profesionales a cargo de la intervención debe poner en práctica alguna política para contactos futuros. Cerciórese de que los tutores entienden la responsabilidad que asumen si continúan el contacto fuera de los auspicios de la intervención.

Vincule la tutoría con otras estrategias

Los jóvenes que entran en las intervenciones de tutoría generalmente tienen varios factores de riesgo relacionados con conductas negativas. La tutoría no puede erradicarlas todas: es sólo una influencia entre muchas. Para tener el mejor efecto, la tutoría debe ser parte de un esfuerzo concertado que incluya varias estrategias, como las que se analizan en las secciones anteriores de este libro (Freedman 1993; Sipe 1996).

El programa Niños en Riesgo (CAR) es un esfuerzo de prevención del uso de drogas y la delincuencia que combina estrategias para ofrecer servicios integrales a adolescentes en riesgo. Los servicios incluyen la asignación de responsables de casos a las familias participantes, instrucción y otras actividades educativas y cooperación policial para reducir el delito en la comunidad.

Aproximadamente la mitad de los jóvenes que participan en el programa participa en tutorías. Resultados preliminares de una evaluación mostraron que, comparados con el grupo de control, los participantes del CAR tuvieron casi la mitad del número de contactos con la policía y bastante menos de la mitad de comparecencias ante tribunales de menores. Un mayor porcentaje de participantes avanzó al siguiente grado escolar y tuvo un menor índice de inasistencia escolar crónica. Actualmente se realiza un estudio de control de casos a gran escala en vecindarios de alto riesgo en cinco ciudades del país para determinar el efecto de la tutoría, así como la asistencia profesional intensiva a diferentes casos, servicios familiares e incentivos educativos (Harrell 1996).

Resumen

Aunque la estrategia de tutoría parece prometedora para la prevención de la violencia juvenil y muchos otros problemas que enfrentan los jóvenes de toda la nación, todavía existe poca información científica que demuestre si es realmente efectiva y bajo qué circunstancias lo es. Se necesitan aún evaluaciones más rigurosas y sistemáticas. Además, las investigaciones deben abordar varios aspectos esenciales (Sipe 1996).

En primer lugar, debemos desarrollar formas más efectivas de reclutar y seleccionar tutores. El programa de tutoría más grande, Hermanos Mayores/Hermanas Mayores, apoya a 75.000 equipos en todo el país, pero casi el mismo número de jóvenes está a la espera de un tutor. Menos de la mitad de los adultos que solicitaron información sobre el voluntariado durante un estudio de Hermanos Mayores/Hermanas. Mayores solicitó ser tutor. De éstos, sólo cerca de un tercio completó exitosamente los procesos de selección y asignación; para algunos, el proceso tomó meses.

Además, las iniciativas de tutoría tradicionalmente se han dirigido a niños en los años iniciales e intermedios de la adolescencia. Debemos determinar cómo diseñar programas de tutoría efectiva para adolescentes y también para niños en la etapa previa a la adolescencia.

Finalmente, existe poco consenso en cuanto a los recursos financieros necesarios para planificar y llevar a cabo una intervención de tutoría. En el programa de Hermanos Mayores/Hermanas Mayores se calcula que cuesta mil dólares al año apoyar a un equipo de tutor y tutoriado. Sin embargo este costo no es representativo de todos los programas: los investigadores sospechan que es menor. Con el fin de ayudar a las comunidades a evaluar la posibilidad de realizar una tutoría, debemos encontrar una forma de calcular adecuadamente los costos de diseño, apoyo y evaluación de tal intervención.

  1. El monitoreo ofrece supervisión adulta dentro de las comunidades a jóvenes que han tenido problemas con la ley. La estrategia pastoral, que se realiza a través de las iglesias, moviliza y capacita a adultos diligentes para asumir la responsabilidad del bienestar de los niños en sus vecindarios.
  2. El estudio fue financiado por Pew Charitable Trusts, The Commonwealth Fund, The Lilly Endowment y un patrocinador anónimo.
  3. Aunque los jóvenes del grupo de control no participaron en Career Beginnings, podían recibir otros servicios en sus escuelas y comunidades.
 
Contáctenos:
  • Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades
    1600 Clifton Rd
    Atlanta, GA 30333
  • 800-CDC-INFO
    (800-232-4636)
    TTY: (888) 232-6348
  • Comuníquese con CDC–INFO
  • Última actualización de la página: 09 de enero del 2014
  • Última modificación de la página: 09 de enero del 2014
GobiernoUSA.gov, el portal oficial del Gobierno de los EE.UU. en españolDepartamento de Salud y Servicios Humanos
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades   1600 Clifton Rd. Atlanta, GA 30333, USA
800-CDC-INFO (800-232-4636) Línea TTY: (888) 232-6348 Comuníquese con CDC–INFO