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Prevención de la diabetes en la zona fronteriza de Arizona entre EE.UU. y México

Noviembre de 2006

Foto de Félix López
Félix López, de 74 años, prepara una comida saludable con su familia durante una clase de "Diabetes y la Unión Familiar".

Félix López, de 74 años, se enteró hace seis meses que tiene diabetes.

La noticia no le sorprendió. Se había sentido cansado y en su ciudad de Douglas, Arizona (en la zona fronteriza entre EE.UU. y México), casi el 22% de las personas de 40 años de edad en adelante tienen diabetes, lo cual representa una tasa mayor a la de la mayoría de las comunidades latinas y más alta a la del promedio en EE.UU.

Pero lo novedoso es lo que hizo después de recibir la noticia.

Invitó a su esposa y a su hija a una clase para aprender a controlar y prevenir la diabetes tipo 2 y sus complicaciones. En la clase, que se realizó en una iglesia local, la familia López habló con otras dos familias y con una promotora, una consejera de salud de la comunidad, sobre la importancia de comer un desayuno saludable todos los días y de ordenar en los restaurantes platillos bajos en grasa. Se formaron todos detrás del nieto de uno de los participantes y le dieron la vuelta al edificio, bailando salsa. Luego, en grupo, cocinaron y compartieron una cena con tostadas de pollo, verduras y una ensalada de fruta.

El señor López dice que se siente mejor. Para demostrarlo, se paró de cabeza en la cocina de la iglesia.

Foto de una familia
Durante la clase llamada la "Diabetes y la Unión Familiar", los miembros de familia de todas las edades trabajan juntos para preparar las verduras y las frutas para la cena. Escuche (en inglés) la presentación de Kerstin Reinschmidt, del Southwest Center for Community Health Promotion, acerca de la importancia de hacer que la familia participe en el plan conjunto para combatir la diabetes. Lea la transcripción (en inglés).

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La clase es parte de un programa dirigido por el Southwest Center for Community Health Promotion, uno de los 33 centros de investigación sobre prevención que reciben fondos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El centro forma parte de la Escuela de Salud Pública Mel and Enid Zuckerman de la Universidad de Arizona. Los investigadores pretenden demostrar que la participación de los familiares, las comunidades y las promotoras en un plan completo de cuidados para una persona con diabetes genera mejores resultados de salud que los métodos tradicionales de cuidado en los que un paciente solamente habla de la enfermedad con su médico.

La diabetes es una enfermedad que le impide al cuerpo controlar adecuadamente el azúcar y la diabetes tipo 2, que sigue aumentando en Estados Unidos, está relacionada con el exceso de peso. Se ha demostrado que una dieta saludable y el ejercicio en forma rutinaria mejoran la salud de las personas que ya tienen la enfermedad. Cuando no se atiende, la diabetes puede causar complicaciones en los ojos, el corazón, los riñones, el sistema nervioso y los pies, además de que está asociada a la depresión.

Los investigadores dicen que este tipo de intervención no solo ayudará a los pacientes sino que también puede alentar a los familiares, los amigos, los vecinos y los miembros de la comunidad a vivir en forma más saludable y prevenir que les dé diabetes.

"En el caso de la diabetes, se sabe que los cambios en el estilo de vida pueden prevenir o retrasar la enfermedad", dijo la doctora Lisa Staten, directora del Southwest Center for Community Health Promotion. "Debemos encontrar la forma de trabajar con las comunidades para que lo sepan y de verdad lo crean".

El centro emplea a cuatro promotoras en Douglas que enseñan nutrición, actividad física, y prevención de enfermedades en una clase de 5 semanas para las familias llamada "Diabetes y la Unión Familiar" (Diabetes and the Family), y una clase de 12 semanas para los miembros de la comunidad llamada Pasos Adelante (Steps Forward). Ambas clases se realizan en iglesias de la comunidad. Una quinta promotora, pagada por el Centro de salud comunitaria de Chiricahua, en colaboración con la universidad le ayuda a una enfermera certificada a enseñar un programa de 4 sesiones a pacientes del centro de salud que tienen diabetes. Todas las clases son gratuitas. Los investigadores están estudiando los resultados de este programa para determinar el peso, el índice de masa corporal, el azúcar en la sangre y los niveles de colesterol, la dieta, el ejercicio, y otros tipos de comportamiento de salud, con el objeto de evaluar cuánto ayudan cada una de las tres intervenciones y los efectos de combinar más de una intervención. También están trabajando con la comunidad para establecer cambios duraderos en la política que ayuden a las personas que viven en la región a mantenerse saludables.

Promotora Lourdes Fernandez, right, assists a participant during a Diabetes and the Family class.
La promotora Lourdes Fernández (derecha), ayuda a una de las participantes durante una de las clases la "Diabetes y la Unión Familiar". Escuche (en inglés) a la señora Fernández hablar sobre lo que significa ser una promotora. Lea la transcripción (en inglés).

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El señor López, que llegó a Estados Unidos de México hace 40 años, llama a la promotora Lourdes Fernández "mi ángel guardián". Ella lo puso en contacto con un dentista y un doctor especialista en los ojos, y le ayudó a encontrar los zapatos apropiados para proteger sus pies. Empezó a caminar por una hora todos los días a las 6 de la mañana. También comenzó a beber más agua, lo cual es esencial para ayudar a su cuerpo a regular el azúcar en la sangre. Pero si bien reconoce que se siente mejor, también aclara que el cambio no ha sido fácil.

"Es muy difícil cambiar nuestros hábitos, la forma en la que hemos vivido toda la vida", dice el señor López.

Muchos pacientes y proveedores de atención médica coinciden en que los cambios en el comportamiento son mucho más difíciles que tomar una pastilla.

"El tratar de hacer que alguien cambie su dieta es muy difícil", dijo Ginger Ryan, directora ejecutiva del centro comunitario de salud. Agregó que si bien algunos platillos hispanos tradicionales forman parte de una dieta saludable, otros como las tortillas ricas en carbohidratos, los frijoles, el queso, y los huevos, pueden causar problemas para la diabetes porque el cuerpo los transforma rápidamente en azúcar.

Si bien es cierto que algunos factores culturales, como la dieta, pueden contribuir a las altas tasas de diabetes en las comunidades hispanas, hay otros factores, como las familias numerosas y bien unidas, que pueden ayudar a detener la epidemia. Los investigadores se están valiendo de las redes bien allegadas de vecinos para difundir los consejos y ayudarse entre sí a mantenerse saludables.

Recientemente, cinco mujeres que han participado en el programa Pasos Adelante desde hace un año, se reunieron una mañana con la señora Fernández, la promotora, para hablar de la forma en la que la clase cambió sus vidas.

María Lamadrid, de 39 años, no pensaba que la clase le ayudaría a pesar de que su padre murió por complicaciones de la diabetes. Pero se inscribió cuando un médico le dijo que tenía el colesterol elevado. La clase explica la forma en la que están relacionados el colesterol, la presión arterial, la diabetes y las enfermedades cardíacas. La señora Lamadrid empezó a poner atención a los tipos de grasa que comía. Redujo las gaseosas (refrescos) y ahora solo toma leche sin grasa. Trajo a las clases a su hijo Francisco, de 6 años, y hace ejercicio con él. También trajo a 10 compañeros del restaurante en el que trabaja. Después de terminar el curso invitó a 8 personas más para que vinieran a la siguiente sesión.

La señora Lamadrid dice que el que la acompañen tantas personas a las clases crea también un enorme grupo de apoyo. "Algunas veces, cuando no tengo ganas de hacer ejercicio, mi esposo me alienta a que salgamos a caminar", dice. "Me siento muy bien y quiero que todos se sientan bien también".

Foto de Blanca Robles y una participante
La promotora Blanca Robles, de Pasos Adelante, mide la altura y el peso de la participante María Arballo.

Irma Camacho, de 53 años, y su esposo, perdieron 20 libras (9 kilos) cada uno durante la sesión. Dijo que su esposo "antes tenía muchos problemas para que él acompañara sus alimentos con una ensalada". Sin embargo "ahora los dos estamos comiendo más ensalada". Dejamos de comer tortillas de harina, usamos tortillas de maíz y pan de trigo. Ha habido muchos cambios en la casa".

Pero la clase fue mucho más que eso para ella porque le ayudó con su estado mental también. La señora Camacho tiene lupus y también pasó por una larga y difícil recuperación de una infección causada por una operación de la rodilla. Estuvo en silla de ruedas por 5 años, se deprimió y aumentó mucho de peso. "No quería ir a ningún lado", dijo. "Me la pasaba llorando".

Desde que comenzó a participar en la clase ha estado caminando unos cuantos pasos a la vez y ya puede caminar casi media cuadra. Hace ejercicio en su casa y los niveles de su colesterol y presión arterial han mejorado. Ella y su esposo decidieron volver a inscribirse en la clase después de terminar su sesión.

"Nos vamos a quedar aquí hasta que Lourdes nos saque por la fuerza", dijo.

El problema no es que las mujeres no saben cuales son los alimentos saludables y los que no lo son, o que no saben que el ejercicio es importante. "Sabíamos lo que es bueno y lo que es malo", explicó Mary Grijalva, de 64 años, "pero el estar en un grupo realmente ayudó". Haga clic aquí (audio en inglés) para escuchar a la señora Grijalva hablar sobre los cambios que ha hecho desde que participa en la clase. Lea la transcripción (en inglés). Necesita tener RealPlayer® instalado en su computadora para poder escuchar esta grabación.

Por lo menos una vez el aprendizaje en grupo ha ayudado a salvar una vida. Carla Chávez, de 60 años, está encargada del cuidado de su hermana Rosa, que tiene diabetes. En la clase, la señora Chávez aprendió como medir el nivel de azúcar en la sangre usando una muestra de sangre tomada de la yema del dedo. Supo qué hacer cuando un día su hermana se veía enferma y no podía tragar saliva.

La señora Chávez midió el nivel de azúcar de su hermana y se dio cuenta que estaba peligrosamente bajo. La señora Chávez de inmediato llamó a la promotora y ésta le dijo que llamara a una ambulancia. "Actúo rápido porque es algo que aprendí en la clase", dijo.

Foto del grupo de caminata 'Pasos Adelante'
El grupo de caminata de "Pasos Adelante" empieza a las seis y media de la mañana en Douglas, Arizona.

La señora Fernández era enfermera en México antes de venir a los Estados Unidos hace 25 años. Dice que la conexión que siente con los pacientes y con los participantes de la clase les ayudan a confiar en ella. Todo el mundo coincide en que las promotoras son el corazón del programa.

"Nos entendemos bien", dice la señora Fernández. "Lo más importante es la confianza que nos tienen porque estamos para ayudarles. Mientras tengamos la confianza de la comunidad, podremos seguir ayudando".

Las promotoras Blanca Robles y Martha Barrera no solo dan clases para la comunidad los martes en la noche sino que además salen a caminar a las seis y media de la mañana tres veces por semana con todos los participantes de la clase; el mayor de ellos tiene 82 años. Un martes en la mañana, 20 personas se reunieron al amanecer para caminar alrededor del parque mientras el sol salía detrás de las montañas.

"Di dos vueltas sin siquiera darme cuenta", dijo una de los participantes que se la pasó platicando con su cuñada mientras caminaban.

Foto de la frontera
La frontera divide las ciudades de Douglas, Arizona (izquierda), y Agua Prieta, Sonora, México (derecha). Las dos ciudades en realidad son una sola región metropolitana según quienes viven allí.

Los investigadores dicen que las personas de la región fronteriza, una franja territorial de unas 60 millas (100 Km.) al norte y al sur de la frontera entre Estados Unidos y México, y de unas 2,000 millas (3,200 Km.) de largo desde California hasta Texas, enfrentan ciertos desafíos de salud debido a la falta de recursos. Si la región fronteriza entre México y Estados Unidos fuera un estado, tendría uno de los niveles más altos de pobreza, dijo Jill Guernsey de Zapien, una alta funcionaria de la escuela de salud pública en la universidad que ha estado estudiando la salud en la frontera por muchos años. La línea física atraviesa las áreas metropolitanas por la mitad, y cada lado pertenece a un país diferente, con leyes, infraestructura y sistemas de salud distintos. Muchos residentes de la zona tienen familiares en ambos lados y constantemente atraviesan la frontera, lo cual crea un problema para poder recibir cuidados de salud en forma consistente.

El Southwest Center for Community Health Promotion, en Tucson, comenzó sus investigaciones en Douglas en 1996. El centro contrató a varias promotoras para realizar una encuesta que descubrió un nivel extremadamente elevado de diabetes en el área. Los investigadores llegaron a conocer bien a la comunidad, lo cual dio comienzo al Douglas Diabetes Work Group y esto permitió a los colaboradores solicitar y obtener fondos para un programa de salud rural. En el año 2000, el centro utilizó fondos federales para extender el programa a otros dos condados fronterizos, Santa Cruz y Yuma, y empezó las intervenciones para las familias y la comunidad. En el 2005, reiniciaron el programa en Douglas, agregaron la intervención para el paciente y empezaron a medir, en forma rigurosa, los resultados. Se espera que los resultados científicos se den a conocer en menos de un año.

Foto de Lisa Staten, Anne Hill y Jill Guernsey
Lisa Staten, Anne Hill, y Jill Guernsey de Zapien, del Southwest Center for Community Health Promotion, frente a la oficina para promotoras del centro en Douglas, AZ. Este es uno de los 33 centros de investigación para la prevención que apoyan los CDC y se encuentra en el Canyon Ranch Center for Prevention and Health Promotion de la Universidad de Arizona.

En cada condado, los investigadores han trabajado en estrecha colaboración con las organizaciones y los residentes de las comunidades para crear los grupos de acción especial conocidos como los SAG (Special Action Groups). Estos equipos están compuestos por líderes locales, maestros, empleados de salud, activistas de la comunidad e intelectuales que desean ver cambios duraderos y aprovechar las virtudes de las comunidades. Los SAG trabajan en proyectos que llevan más allá los logros de las clases de intervención mediante cambios saludables en la comunidad. En el condado de Yuma, por ejemplo, los miembros de un SAG se dieron cuenta que no había suficientes parques, se organizaron y solicitaron los permisos para crear un parque totalmente nuevo. En el condado de Santa Cruz, el SAG habló con la empresa constructora de un centro comercial y logró que incluyera un sendero alrededor de la tienda para que los residentes pudieran ir a caminar. El grupo da recomendaciones sobre uso del espacio público como parte del proceso requerido por el estado para cualquier tipo de urbanización en el condado. Y en Douglas el SAG, que surgió del Douglas Diabetes Work Group, fue clave para lograr un cambio en los alimentos ofrecidos en las escuelas públicas y ahora cuentan con un mejor contenido nutricional y menos azúcar y grasa.

"Nuestra experiencia es el trabajo con coaliciones que se transforman en grupos de acción", dijo el doctor Joel Meister, profesor del centro especializado en el estudio de políticas y que trabaja muy de cerca con los SAG.

"En cierta forma tenemos el papel de desarrollo comunitario y de socios", agregó el doctor Meister. "En realidad queremos que la comunidad se concentre, como su próximo paso lógico, en el tema de un cambio tanto ambiental como de política. Para que realmente funcione la promoción de la salud y para poder llegar a un sector más amplio de la comunidad, se debe ir más allá de lo que se hace normalmente".

La doctora Staten considera que la participación de la comunidad es importante porque sin ella los programas pueden dejar de funcionar una vez que los investigadores se ven forzados a retirarse. "El no trabajar con las comunidades representa una falta de visión. Nuestra única esperanza es que el programa continúe. A estas comunidades les gusta luchar".

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