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Elevando los estándares de salubridad del agua potable En la primavera de 1993, miles de habitantes de Milwaukee se vieron aquejados de diarrea y calambres intestinales. Se estimaba que más de 400,000 personas estaban infectadas, lo que causó un ausentismo generalizado de escolares, trabajadores de salud y otros profesionales. Bill MacKenzie, miembro del EIS asignado a la División de Salud de Wisconsin, recuerda que recibió una llamada de los epidemiólogos de la ciudad para pedirle ayuda en el aislamiento de la causa del brote. "No nos tomó mucho tiempo localizar una posible causa: el agua potable que consumía la ciudad y, en particular, el agua proveniente de las dos plantas de tratamiento que quedaban más al sur de Milwaukee. En aquel momento, los habitantes de Milwaukee y el resto del país confiaban en que el agua que consumían era segura, y algunos consideraban que era "estéril", afirma Mac Kenzie. "Estaba claro que necesitaban asistencia", dice Mac Kenzie, quien, junto con cuatro colegas de la división, se dirigió a la ciudad para reunirse con el alcalde y las autoridades sanitarias. "Sabíamos que cuando un gran número de personas en un área geográfica muy grande tiene diarrea, una de las causas tiene que ser algún producto que se distribuye ampliamente", dice Mac Kenzie.
"La primera información que obtuvimos fue que el agua proveniente
de la planta de tratamiento del sur se había tornado más turbia, lo cual
indicaba cuán bien se la estaba filtrando. Lo que no sabíamos en aquel
momento era que el aumento de la turbidez no tenía comparación con los
10 años anteriores. Aquello estaba realmente fuera de los parámetros normales
del departamento de hidrología.
La segunda pista llegó unas horas más tarde, cuando los laboratorios
de la ciudad confirmaron siete casos de criptosporidio, un agente patógeno
causante de la diarrea, que se propaga por el agua y es resistente al
cloro. "Los funcionarios de la salud pública sabían que el agua potable
podía estar asociada con la infección por criptosporidio", resalta Mac
Kenzie. La criptosporidiosis fue detectada por primera vez en pacientes
con debilidades en sus sistemas inmunológicos en 1976, y luego se probó
que también podía afectar a personas con sistemas inmunológicos normales.
De hecho, Mac Kenzie recuerda que un buen número de pacientes que padecían
SIDA u otro tipo de enfermedad del sistema inmune no pudieron recuperarse
de la criptosporidiosis y murieron a causa de la infección.
Con los hallazgos iniciales en mano, los funcionarios de Milwaukee
comenzaron a aconsejar a la población que hirviera el agua, mientras Mac
Kenzie y sus colegas del servicio de salud pública continuaban la investigación.
Supervisaron casas de cuidado diario en toda la región buscando signos
de la infección y encontraron una mayor prevalencia de diarrea en los
hogares del sur, con excepción de uno que utilizaba su propio pozo para
su suministro de agua. Luego llevaron a cabo amplias encuestas telefónicas
que revelaron una tasa de infección mucho mayor en residentes que vivían
o trabajaban cerca de la planta de tratamiento del sur. Los exámenes de
laboratorios realizados a las muestras descartaron cualquier otro agente
patógeno como la causa de la infección. El equipo de investigadores incluso
derritió bloques de hielo de 60 galones, elaborados en una fábrica cercana
durante el período más agudo de la infección, para probar que el agua
contenía criptosporidio. Según Mac Kenzie, era necesario reunir una "abrumadora"
evidencia acerca de la causa del brote.
"Cuando uno se enfrenta a un brote a gran escala, la gente siempre
se va a preguntar si la causa principal tiene que ver con el agua", dice
Mac Kenzie. "Nuestra investigación ayudó a los funcionarios de la industria
hidrológica de Estados Unidos a darse cuenta de que tenían un problema
y que tenían que hacer algo al respecto. Contribuyó a que los funcionarios
públicos encargados del asunto entendieran que tenían que invertir mayores
recursos en garantizar suministros seguros de agua. El brote también reeducó
a todo el mundo, incluso a los médicos, porque nos enseñó que el criptosporidio
podía causar enfermedades a personas con sistemas inmunológicos normales".
La documentación que se generó a partir del brote de Milwaukee
colocó el criptosporidio y la necesidad de mejorar el tratamiento del
agua "en la pantalla del radar de los ingenieros hidrológicos, políticos
y legisladores", agrega Mac Kenzie. Hay que reconocer que los habitantes
de Milwaukee siguieron la recomendación de hervir el agua, con lo que
eliminaron el agente patógeno de manera efectiva. Mac Kenzie dice que la calidad de los sistemas hidrológicos
públicos ha mejorado ostensiblemente desde 1993, pero aún quedan áreas
donde se puede seguir progresando. Las plantas de tratamiento de agua
de las grandes ciudades que tienen acceso al capital público han introducido
mejoras, incluyendo el uso de técnicas avanzadas para la supervisión de
la calidad del agua y mejores técnicas de filtrado que permiten obtener
un agua más limpia. Sin embargo, las ciudades pequeñas, debido a su falta
de recursos, todavía luchan por mantener los niveles de seguridad del
agua que consumen.
La preocupación sobre el agua potable contaminada de criptosporidio
se extiende más allá de las fronteras. Hace dos años, cuando se preparaban
las Olimpíadas de Sydney, la ciudad se sintió atemorizada ante una posible
contaminación por criptosporidio. Al aplicar nuevos métodos de prueba
se había detectado el agente patógeno en el agua potable que consumían
los habitantes de Sydney. Estas pruebas, que luego resultaron ser falsas,
llevaron a las autoridades a emitir tres veces la recomendación de hervir
el agua antes de consumirla.
Además de eso, el criptosporidio sigue causando problemas al atacar
aguas utilizadas con fines recreativos, como la de piscinas, lagos y ríos,
que son también la mayor fuente de casos de criptosporidiasis, según Mac
Kenzie. Puesto que estos casos se dan esencialmente en niños, "los CDC
han estado trabajando por varios años para informar a los padres acerca
de los riesgos de aguas de uso recreativo contaminadas".
Después del EIS, Mac Kenzie trabajó con los CDC por cinco años,
hasta 1998. Primero entrenó a funcionarios del EIS del estado en epidemiología
de campo en la Oficina del Programa de Epidemiología de los CDC. Luego,
trabajó en el programa de enfermedades parasitarias, ayudando a la EPA
y a los CDC a definir un estimado nacional de enfermedades transmitidas
a través del agua. En 1998, se retiró de los CDC para viajar a Kosovo,
donde colaboró en la reconstrucción del sistema de salud pública del país.
Actualmente lideriza investigaciones relacionadas con brotes infecciosos
y el programa FoodNet (un programa de investigación de enfermedades incoadas
en la comida apoyado por los CDC) para la División de Salud Pública de
Georgia. Sigue apoyando firmemente al EIS.
"El EIS es un maravilloso programa de entrenamiento que brinda
a jóvenes brillantes la oportunidad de trabajar en contextos reales y
utilizar sus conocimientos para mejorar la salud de la población", dice.
"También es positivo para los departamentos de salud estatales y locales
y para los CDC tener a todas esas mentes tan talentosas pensando en nuevas
y diferentes maneras de seguir haciendo girar las ruedas de la salud pública,
y evitando que caigamos en el estancamiento".
"Mi experiencia en Milwaukee y otros lugares del mundo", afirma
Mac Kenzie, "han hecho de mí un mejor epidemiólogo y un mejor médico.
Me han ayudado a entender, dentro de un contexto más amplio, cómo la salud
pública afecta a toda la sociedad y no sólo a un paciente a la vez". Volver a la página principal de perfiles
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de Salud y Servicios Humanos |
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