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Desde los
trópicos de África hasta las planicies de Wyoming,
Haber
crecido en los ambientes multiculturales de La Habana, Cuba y Washington
DC, hizo que Marta Guerra adquiriera un interés pronunciado en la salud
internacional. Guerra es veterinaria y tiene un título de postgrado en
salud pública y un doctorado en medicina tropical. Actualmente se desempeña
como funcionario del Servicio de Inteligencia de Epidemias en el programa
de enfermedades rickettsiales y víricas de los CDC.
Inmediatamente
después de ser seleccionada como funcionaria del EIS, fue enviada a Uganda
para ayudar a controlar un brote de fiebre hemorrágica por Ébola. Los
funcionarios del EIS deben estar preparados a ausentarse de sus hogares
durante períodos indefinidos y con poca anticipación si ocurre un brote,
pero éste es un sacrificio que hacen de buen grado. Así ocurrió con Guerra.
Dos días después de recibir el aviso, se hallaba en un avión con destino
a Gulu.
Para
Guerra el período transcurrido en Uganda constituye su experiencia más
significativa hasta el día de hoy. "Es muy satisfactorio poder poner en
práctica lo que se ha estudiado," recuerda Guerra. Dado que la cepa de
Ébola no era tan virulenta como las halladas en los brotes ocurridos en
otros países, los equipos de socorro pudieron garantizar la supervivencia
de más pacientes. No obstante, debido al carácter altamente infeccioso
de la enfermedad y a la alta tasa de mortalidad (58%), la necesidad de
detener el brote era imperiosa. Guerra señaló que algunas costumbres del
país podrían facilitar la propagación de la enfermedad, ya que las familias
con frecuencia cuidan a los enfermos en el hogar y en los hospitales,
tienen contacto con los cadáveres y muchos habitantes de las aldeas asisten
a los entierros.
Las
actividades de asistencia del EIS en Uganda tuvieron lugar a dos
niveles. Guerra y su equipo trabajaron infatigablemente para hacer
un seguimiento de la propagación de la enfermedad y educar a los habitantes de las aldeas
sobre cómo prevenirla y sobrevivir a ella. Guerra presenció directamente
los horribles efectos de la enfermedad así como el difícil período después
de la recuperación. Una de las tareas de campo de los funcionarios del
EIS era facilitar la reinserción de los sobrevivientes en la sociedad.
Por miedo, los habitantes de las aldeas con frecuencia quemaban las casas
y posesiones de las personas infectadas. Los familiares se resistían a
aceptar a los sobrevivientes nuevamente como parte de sus vidas. "Uno
piensa, 'qué bueno, me salvé,' pero al volver a casa ya no se tiene nada,"
dice Guerra. Guerra y otros funcionarios del EIS educaron a los habitantes
de las aldeas acerca del virus Ébola y les aseguraron que no estaban en
peligro. Esto les ayudó a sobreponerse a sus temores y reservas. "Fue
una experiencia muy positiva. La gente estaba contenta de que estuviéramos
allí," recuerda Guerra.
En
la carrera para adelantarse a esta terrible enfermedad, el equipo
de Guerra utilizó su base de datos para rastrear cualquier contacto que los individuos
podrían haber tenido con otras personas. Esas personas podrían entonces
ser transportadas a los hospitales para recibir diagnóstico y tratamiento
inmediato, a fin de aumentar sus probabilidades de supervivencia e impedir
la propagación de la enfermedad. Guerra y su equipo lograron no sólo reducir
la propagación de la enfermedad de cinco casos nuevos por día a sólo uno
por semana, sino que también lo lograron en menos tiempo del que habían
anticipado originalmente. Aunque pensaba pasar las Navidades trabajando
en Uganda, pudo volver a su hogar para las fiestas. Guerra reconoce que
el Ministerio de Sanidad de Uganda y la Cruz Roja de Uganda llevaron a
cabo una campaña con rapidez y efectividad. Guerra y su equipo dejaron
aparatos e instrumentos en Uganda y enseñaron a los habitantes del país
cómo continuar con las actividades de vigilancia. "Es maravilloso poder
lograr las metas que uno se traza," dice Guerra.
Debido a la multiplicidad de amenazas a la salud pública en el mundo, dice Guerra, los CDC la han mantenido ocupada con varias misiones. Poco después de volver de Uganda, fue enviada a investigar un brote de fiebre Q en una granja en Wyoming. La fiebre Q provoca que las cabras y ovejas sufran abortos, y que los borregos y becerros nazcan muertos. El tejido fetal es altamente infeccioso y produce neumonía aguda en los seres humanos. En pleno invierno, Guerra y un grupo de profesionales sanitarios del Departamento de Agricultura de los EE.UU. y del departamento de Salud de Wyoming tomaron muestras del ganado, entrevistaron a las personas que podrían haber sufrido exposición y localizaron a cualquier persona que podría haber tenido contacto con los animales infectados. De regreso en Atlanta, Guerra aspira a concentrar sus actividades futuras como funcionaria del EIS en la campaña para crear conciencia en el público sobre la rabia y los focos de la misma en la fauna silvestre. El número de casos de rabia en los EE.UU. aumentó durante el año pasado y todos los casos adquiridos en el país fueron atribuidos a cepas del virus de la rabia asociadas a los murciélagos. Guerra opina que para limitar la propagación de la enfermedad, el público debe recibir información sobre los modos de transmisión y sobre las especies que pueden ser portadoras del virus. Desde los trópicos de África a las praderas de Wyoming, la experiencia de Guerra en los CDC la ha preparado para una vida dedicada a la protección de la salud pública.
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| Esta página fue revisada el 22 de febrero de 2002 | |||||||||||||||||||||
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